Psicodrama

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La necesidad de ser escuchados


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Ya son 30 años de trabajo con grupos y comunidades, asistiendo al privilegio de escuchar historias, de compartir experiencias y sobre todo de trabajar para transformar las narrativas de las personas y los colectivos, apostando por la comprensión, la reconciliación y la convivencia pacífica.

El proceso creativo es fundamental porque, algunas veces, puede pasar que en la comunidad ya no se crea en la posibilidad de algo diferente. Tan sobrepasados por los problemas cotidianos, podemos llegar a la certeza de que no hay cambio posible, y la vida se detiene sin la posibilidad de transformación.

Recientemente he vuelto a pasar por una vivencia exigente e intensa de trabajo con grupos, para abordar aquello que nos separa; específicamente: la xenofobia, ese rechazo a la persona extranjera que surge del miedo a lo diferente, del temor a ser afectado por aquello que desconozco.

Ha sido claro, en primer lugar, el entrecruzamiento de la xenofobia con otras formas de discriminación y violencia: el racismo, el clasismo, la violencia basada en género; todo ello se mueve en un complejo de oscuridades que necesita reflexión y sensibilidad. No podemos vivir mejor si estamos divididos y la confrontación con el otro allá afuera es un reflejo de la división interior.

En segundo lugar, ha resaltado en toda la experiencia la necesidad de ser reconocidos y escuchados, de mirarnos y asumir que cada vivencia y expresión es digna de ser considerada y, en cierto sentido, validada. En el trabajo dentro de comunidades estigmatizadas, se desubre un profundo sentido de humanidad y un llamado constante a espacios donde se pueda compartir el propio relato, donde el dolor tiene cabida como una puerta de entrada hacia otra vida posible.

La escucha es la base del encuentro y logra que la persona se abra, no solamente a compartir su relato (en este caso asociado a discriminación, rechazo, desencuentro y hasta violencia) sino a descubrir que está acompañada y que tiene posibilidades para hacer algo diferente, para cambiar las cosas en su entorno inmediato e incluso influir más allá.

Es sorprendente descubrir como el acto de comunicación más básico, que tiene como centro la escucha comprometida, ya produce el fortalecimiento de las propias capacidades. A partir de ello es posible descubrir y crear nuevas narrativas, las que van hacia la colaboración y el respeto.

Con la aplicación de técnicas psicodramáticas y procesos de pedagogía de la comunicación, se producen aprendizajes anclados en la experiencia concreta. Esto lo conduce el grupo participante, porque quienes facilitamos estamos al servicio de sus prioridades, sus ritmos y sus saberes. No se impone la agenda externa, se reconocen las necesidades presentes, para que sean esas otras voces genuinas las que guían las reflexión y sus resultados.

Es importante no subertimar la fuerza de este proceso, que lleva a mirar más profundo para superar separaciones, para reconocer lo humano en cada una de las personas involucradas. Esto es lo que permite el surgimiento del saber, en el movimiento desde las dimensiones individuales a las comunitarias. Este es el relato que hay que reconstruir, el de la valoración de las propias cualidades y la regeneración del contexto, donde ese otro diferente viene a ser un aliado, un compañero de viaje.

Recordemos siempre que el punto de partida es la escucha. Todos necesitamos ser escuchados.

Coaching, Psicodrama

Expresar


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Volvemos al recorrido por las 9 Maestrías de la International Association of Coaching, esta vez para compartir ideas y reflexiones relacionadas con expresar.

Ya antes he hablado de procesar en el presente; escuchar con compromiso; percibir, afirmar y expandir el potencial del cliente; y establecer y mantener una relación de confianza. En la medida en que nos vamos adentrando en el entramado que constituyen las Maestrías de la IAC, podemos percibir la fuerte conexión que existe entre cada una de ellas y cómo en su conjunto dibujan la constelación de la práctica del coaching.

Sobre expresar, lo primero que quiero decir es que el compartir de la visión del coach dentro de una sesión, siempre ocurre para el cliente, en función de sus ritmos y propuestas, preocupaciones y búsquedas. Esto puede constituir un gran desafío, dado que no se trata de un acto de demostración de conocimiento o sabiduría, sino de una interacción que expande o profundiza el asunto que está presente y la comprensión que se puede lograr sobre el mismo.

Además, la maestría de expresar es posible únicamente en el momento del proceso en el cual el cliente posee la suficiente confianza y fuerza para responder a lo que el coach le propone, incluso contradecir sus ideas y percepciones, en una dinámica donde es siempre este cliente quien tiene el rol de protagonista.

Por otra parte, veo esta práctica como una forma de elaborar comprensión y conocimiento, de transitar por los espacios internos y reflejar en el mundo concreto aquello que se está produciendo en el territorio íntimo. No hay expresión sin conexión emocional e imaginativa, sin contacto vital entre los seres humanos que están imbricados en la dinámica del diálogo movilizador. De alguna forma, esta línea de acción que es el expresar configura la idea del coaching como escuela de pensamiento, como generadora de filosofía.

Es posible reconocer el movimiento en distintos niveles: uno práctico, de abordaje de una situación, conflicto, tensión, que se trae a la sesión; otro simbólico que permite acceder a experiencias del pasado, proyecciones hacia el futuro (incierto y movible), o reconocer los aprendizajes del presente. En este último ámbito, se incluye el reconocimiento de aspectos personales que necesitan ser vistos y, de cierto modo, sostenidos o integrados.

Pienso como paralelismo, por ejemplo, en el compartir que se produce como etapa final de una sesión de psicodrama. En ella, la clave es la expresión de las resonancias que han tenido las escenas desplegadas por el o la protagonista durante la escenificación, evitando el análisis de la situación o el brindar consejos o recomendaciones, para poner todo el foco en lo que se ha sentido o experimentado, ya sea en la ejecución de un rol o como audiencia.

Una primera fase de esta maestría de expresión puede ser vista, entonces, como un compartir, por parte del coach, de las resonancias y percepciones que se generan en él o ella a partir de lo que expone su cliente. No para tomar el protagonismo o demostrar sus capacidades, sino para acompañar en el proceso de mirar y reconocer; así ocurre una expansión de la conciencia en ambas partes.

Quizás en un proceso más largo y en la dinámica de interacción sostenida entre coach y cliente, se pueda producir más tarde una experiencia similar a la que se produce en el rol del doble en psicodrama. El doblaje, como técnica psicodramática, requiere de esa doble conexión: lo que pasa con la persona que dobla y lo que está moviéndose dentro del protagonista, siendo esto último lo que marca la pauta a seguir.

Así podemos ver las múltiples posibilidades de la maestría expresar, que emerge en la relación de las dos personas vinculadas durante las sesiones de apoyo. Concretamente hemos visto:

  • La expresión siempre está en función y se produce para el cliente.
  • Es un proceso de elaboración y comprensión de múltiples elementos, desde lo práctico y hasta lo simbólico.
  • Incluye lo que el coach puede percibir y sentir (lo que le toca internamente), y a veces incluso aquello que el cliente no dice.

Cuando llevamos esta maestría a la vida cotidiana, para retomar la dinámica en la cual las experimento una a una en mis interacciones y experiencias, es inevitable que venga acompañada del silencio. La expresión sólo puede surgir del silencio, de la escucha, de la espera; es un estado de receptividad donde la palabra aparece cuando es necesaria.

Expresión y silencio son inseparables. La primera produce realidades, la segunda abre pasadizos hacia ámbitos profundos y desconocidos; juntas facilitan transformaciones.

En mi experiencia, encontrar mi propia expresión es el desafío mayor y también la tarea ineludible que me corresponde en vida. Tal vez de eso se tratan los procesos de apoyo y acompañamiento a otros, de que cada una y cada uno encontremos nuestro propio camino y empecemos a expresarnos de forma genuina, creativa y espontánea.

Arteterapia, Psicodrama

La importancia de imaginar


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No escribo desde la certeza, sino alrededor de la duda. Titubeante, comparto lo que a ratos de lucidez puedo reconocer en mí y en otros, en una senda de descubrimiento y reconocimiento personal.

Esta pandemia también ha tenido un impacto significativo en mi rutina, apenas sospecho lo que este período representará como transformación personal y de vida.

Buscando miradas distintas, pues siempre he sido muy curioso y me conecta lo diverso, me encontré con los planteamientos del analista Jungiano Robert Bosnak, quien ha estudiado por muchos años el mundo imaginal, a través de su método de «imaginación encarnada» (embodied imagination). En un curso relacionado a formas de enfrentar los tiempos críticos actuales, Bosnak se refirió a la imperiosa necesidad de imaginar, como una vía para integrar lo que es distinto, nuevo, raro.

Esta idea me impactó por mostrarme una posibilidad que yo intuía pero no había logrado articular aún: la imaginación como vía para conectar, comprender o abordar eso que identificamos como lo real. Ahora se trata además de establecer una relación con lo extraño, lo nuevo que es el virus y todo el impacto que ha tenido en la vida humana alrededor del mundo.

En los años recientes he estado experimentando un retorno interior al teatro y el psicodrama, un recorrido personal en el cual he explorado en diversos talleres las posibilidades que ofrece compartir historias, abordar un mito a través de nuestros cuerpos. En un ritual grupal, es posible desarrollar un recorrido significativo por las historias universales que se conectan con nuestras vivencias personales y nos enriquecen (nos expanden).

Yo me había mantenido enfocado en la creatividad, en esa búsqueda metódica que facilita la emoción, es ese proceso estructurado que ofrece el marco perfecto para la expresión libre, al permitir la espontaneidad y el desarrollo de la creatividad, para reinterpretar y recrear los hechos en un movimiento que integra a la memoria en la acción del ahora.

Allí estaba, ante mis ojos, la imaginación (las imágenes, los signos, las experiencias, las emociones) presente, de forma tan evidente que yo no lograba captarla. Ahora entiendo que es una facultad humana absolutamente indispensable para el vivir, el adaptarnos a las circunstancias cambiantes, el reconocernos y encontrarnos; porque sin imaginación, no es posible el encuentro.

Imaginar es el acto que crea el lazo con todos los fenómenos, seres y cosas. Se amplían nuestras percepciones y caen dogmatismos, por lo que intuyo que es también parte central de la vivencia del amor. Cuando imaginamos conectados por entero a esa experiencia, como en los sueños o en los juegos de la infancia, estamos implicados por entero.

Así comprendo hoy lo que Francisco Pancho Salazar nos transmitió durante seis años de entrenamiento actoral en Pantheo: la imagen escénica sólo se produce cuando estamos allí conectando cuerpo, emoción, mente y espíritu.

Creo entonces, tal vez hoy esto sea más pertinente todavía, que todos los seres humanos necesitamos entrenar y experimentar (con un marco concreto) nuestra capacidad imaginativa. Mi hipótesis es que si lo hacemos conscientemente y con las herramientas adecuadas, eso nos conducirá a una vida más plena, con sentido, con conexiones más significativas.

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De la duda al amor


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¿Por qué percibo y manifiesto duda?

Por los cambios constantes que experimento en mi vida, porque comprendo que mi percepción de la realidad es relativa a mi sistema de creencias, porque cualquier opinión puede ser tan válida como la mía.

El hallazgo es relevante y común a todos los seres humanos: no hay certezas en este nivel, lo que hay es un juego subjetivo de interacciones que van delineando eso que llamamos realidad. Pocas cosas están bajo nuestro control, sobre todo si pensamos en los elementos externos: las personas, las circunstancias, los hechos.

Lo que ocurre se escapa de nuestras manos, no responde a nuestros deseos necesariamente (si lo hace, es generalmente una coincidencia), es un imposible predecir los acontecimientos. No quiero decir que no tengamos influencia sobre lo que ocurre en nuestras vidas, sólo afirmo que no es una influencia absoluta, entre otras cosas porque tenemos solamente una visión parcial (subjetiva) sobre las cosas.

Entonces, la duda me caracteriza cuando pongo mi energía afuera. Cuando intento calcular el próximo paso, comprender cabalmente la forma en que alguien más está actuando o comunicándose, predecir el devenir de una serie de acciones que generalmente terminan sorprendiéndome. Si mi foco está allá afuera, la duda me asalta y sólo puedo tener la certeza de que la seguridad es una ilusión. Desde esa experiencia, no puedo estar seguro de nada.

Mi vivencia de los años recientes me confirma esta afirmación: todo lo que daba por sentado, mis relaciones y espacios habituales, se ha transformado profundamente y nunca volverá a ser lo que fue. Además, he tenido la oportunidad de conocer diversas culturas y experiencias vitales, incluso de personas refugiadas que han dejado todo atrás para resguardar sus vidas y reconstruir su existencia en territorios desconocidos. Ello me ha llevado a comprender que no hay seguridad, que las certezas son pasajeras y que todo cambia constantemente.

¿Dónde está la respuesta a esta duda? ¿Existe algún ámbito de seguridad?

Hoy mi propuesta es que miremos dentro de nosotros. Solamente en el ámbito interior existe un espacio donde la duda se disuelve y aparece alguna certeza. Ella no es del pensamiento, aunque la mente se alinea cuando logramos esta conexión; tampoco es del ámbito emocional, aunque ellas fluyen con ligereza cuando entregamos la pretensión de control; se trata de la experiencia del amor.

Cuando conecto con el amor por mi esposa, mis hijos, mi madre. Cuando me entrego a la experiencia del amor por la vida y la comunicación con otros. Cuando reconozco que este proyecto llamado realidad me sobrepasa y que desde el lugar que ocupo sólo puedo brindar servicio y ofrecer mis dones a los demás. En este momento la duda desaparece, los pensamientos cobran claridad y todos mis recursos se concentran en una intención clara, relativa al ser y plena en acción.

Hoy esta es mi respuesta: el amor.

Coaching, Psicodrama

Hace surgir posibilidades


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Una Maestría de la International Association of Coaching (IAC) que mueve a la expansión en el ejercicio del Coaching

La definición de esta maestría es “crear un ambiente que permita que surjan ideas, opciones y oportunidades”. Podemos interpretarla entonces como una invitación a la expansión, a ver más allá de lo que creíamos inicialmente eran las posibilidades disponibles.

Se trata entonces de facilitar, en todo lo que nos sea posible desde el rol de Coach, las condiciones para la expresión comprometida del cliente y la exploración de rutas de acción factibles, creativas y atrevidas. Estamos aquí tentando a lo nuevo, a conductas no habituales.

Por eso el elemento principal de esta maestría es, justamente, la creatividad. Desde la mirada del psicodrama y los planteamientos de su creador, Jacobo Levi Moreno, esto está estrechamente relacionado con la espontaneidad; con la capacidad del cliente para ser espontáneo, lugar desde el cual crear aquellas nuevas posibilidades.

¿Qué entendemos como espontaneidad desde esta mirada? Se trata de la habilidad de una persona a actuar desde su conexión interna con la circunstancia externa, dicho de otro modo, la respuesta más adecuada en función de las condiciones o circunstancias dadas, considerando los deseos, emociones y pensamientos de quien acciona.

Esta interpretación de la espontaneidad nos lleva a imaginar una suerte de equilibrio entre el fuero interior y la circunstancia exterior, como dos mundos profundamente imbricados sobre los cuáles hay que dar una mirada consciente. De la comprensión y claridad sobre la situación, surgirá entonces la acción más espontánea, integrando también la dimensión emocional, como ya hemos dicho.

De los actos de espontaneidad, incluyendo al lenguaje, se construye la creatividad y por lo tanto la capacidad de expansión. Se posibilita entonces el traspaso de barreras, la ampliación de lo que conocemos como zona de confort para llegar a la zona de aprendizaje e incluso hasta la zona mágica, donde la transformación personal se produce.

Pero ¿cómo llegamos, en la sesión de coaching, a generar las condiciones para que del cliente emerjan ideas, opciones y oportunidades? ¿De qué forma se facilita la ampliación o multiplicación de posibilidades de acción? ¿Cómo apoyar la expansión de la conciencia del cliente y el traspaso de barreras?

En primer lugar, hay que decir que se trata de un proceso y a la vez del resultado de una dinámica que se desarrolla a lo largo de la sesión o sesiones. Lograr esta apertura tiene su base en la confianza y para ello tanto el entorno, como la apertura manifiesta en el coach, son fundamentales.

En segundo término, como Coach, es importante considerar diversos escenarios y multiplicar la mirada sobre las situaciones expresadas y no expresadas. Más allá de lo ya dicho existen posibilidades no manifestadas, a las cuáles se puede ingresar si se mantiene la confianza en ello.

Con esto queremos apuntar a la libertad que debe generar todo Coach en su cliente, para que este desarrolle su capacidad de mirar, identificar o incluso generar alternativas de acción frente a una situación concreta. Desde este espacio de libertad, se puede invitar y provocar, se puede impulsar la exploración.

En tercer y último lugar, quisiéramos mencionar la solidaridad implícita en la relación del Coach con su Cliente: un vínculo que les permite caminar juntos hacia lo desconocido.

Algunas técnicas desde la mirada psicodramática

Quisiéramos aportar algunas técnicas psicodramáticas[i] que pueden inspirar formas de promover la creatividad necesaria para “hacer surgir posibilidades”. Se comparten a modo de referencias, pero no se sugiere su aplicación directa sin un entrenamiento previo extenso, para el conocimiento profundo de las mismas.

  1. La creación de escenas. Se trata de abordar la situación propuesta por el cliente a partir de las escenas vinculadas a la misma, encontrando la narrativa presente y los personajes involucrados. De este modo se pueden identificar y explorar opciones como escenas temidas, escena deseadas, escenas imposibles, entre otras.
  2. El reverso de roles. El juego de roles permite que el cliente tome el lugar de personas o elementos relacionados con el quiebre que viene trabajando, para explorar la situación desde otras perspectivas. Este ejercicio es sumamente clarificador y abre un sinnúmero de posibilidades, al permitir al cliente clarificar la visión que otras miradas tienen sobre una misma situación. De este modo se desbloquea la creatividad.
  3. Soliloquio. Se pide al cliente que exprese libremente cualquier idea que pase por su mente, incluyendo la verbalización de sensaciones y emociones presentes. De alguna forma la invitación es a decir lo que no se dice, expresar aquello que se esconde o se reprime. El soliloquio no va dirigido a otra persona, es la manifestación libre de la voz interior o del pensamiento.
  4. El Aparte. Hacer un “aparte” puede ser similar al soliloquio. Es cuando le pedimos al cliente por un momento que salga de la situación y se permite expresar el pensamiento paralelo presente o las emociones en movimiento frente a lo que se está abordando.
  5. Entrevista en rol. Con esta técnica podemos explorar lo que el cliente cree que otra persona piensa sobre una situación concreta. Para ello, asume el rol del otro (su jefe, su esposa, un amigo, o incluso un objeto, una emoción, personificándola) y desde allí responde a las preguntas que propone el Coach.

Como puede verse, todas estas técnicas multiplican las posibilidades e impulsan a la creatividad del cliente, facilitando el camino hacia más allá de la zona de comodidad. Por supuesto el éxito en su abordaje o aplicación dependerá de la confianza que sienta el cliente para expresarse con libertad, así como la seguridad que perciba de su propia capacidad para encontrar alternativas de acción novedosas, que trasciendan sus respuestas habituales.

“Hacer surgir posibilidades” es la maestría que aborda una de las razones y principales compromisos éticos de la disciplina del coaching, porque afirma que en la relación e interacción entre cliente y coach se puede trascender lo conocido y explorar más allá de lo imaginable.

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[i] El Psicodrama es una técnica psicoterapéutica y educativa, creada por el Dr. Jacobo Levi Moreno, que consiste en que las personas representan escenas en grupo, para abordar situaciones de conflicto interno o externo, con el propósito de tomar conciencia de los elementos involucrados, así como identificar y practicar formas de abordarlos y superarlos.

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Expresión auténtica para la paz


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Hay una relación estrecha entre la capacidad de comunicación y el entendimiento entre las personas. Si un conjunto de individuos aprende a escuchar con atención y expresar sus necesidades e inquietudes, hay muy altas posibilidades de que mejore su relación y su convivencia sea pacífica. De modo que la relación entre una buena comunicación y la paz parece ser evidente.

Otro asunto relevante es la identidad, aquello que somos, la forma en que nos percibimos y nos presentamos al mundo. Poder manifestar libremente esa identidad, sintiéndonos seguros, es otro elemento fundamental para la paz. Esta pieza completa la ecuación: una expresión auténtica abre la posibilidad de una conexión más completa entre las personas, mayor entendimiento. Esto solamente es posible si todos tenemos la misma capacidad y libertad de expresarnos tal y como somos, o tal y como queremos hacerlo.

Es cierto que existen obstáculos externos para una expresión auténtica, o que ciertos modos expresivos pueden ser señalados, discriminados o rechazados. Sin embargo, en estas líneas quiero referirme a las barreras o tensiones internas que merman la autenticidad y como ello va afectando nuestra capacidad expresiva, de comunicación, en otras palabras de contacto con los demás.

Es posible que generemos juicios sobre la persona que somos y nuestra forma de expresión. Quizás a muchos nos ha pasado vernos en un video o una fotografía y sentir desagrado por nuestra imagen, o rechazar el tono de voz que percibimos cuando nos escuchamos en una grabación, incluso podríamos juzgar nuestro aspecto físico frente al espejo. También es posible que identifiquemos un aspecto personal que nos desagrada, de modo que en nuestra vida cotidiana hacemos grandes esfuerzos por ocultarlo o disimularlo, teniendo como resultado una forma de comunicación forzada y poco natural, que genera desconfianza en los otros.

Por más pequeño que sea el bloqueo interno, se produce un nivel de tensión que afecta nuestra fluidez y naturalidad, que deforma nuestra espontaneidad y disminuye el impacto que podemos tener con nuestras expresiones. Algunos más, otros menos, todos podemos reconocernos en esta forma de funcionamiento y compartimos por igual el desafío de abrirnos y ser auténticos.

Así como la libertad y el espacio para una expresión auténtica conduce a la armonía y la paz, una expresión cargada de tensiones y forzada lleva al conflicto y la violencia. Por ello se hace fundamental comprender este mecanismo y atenderlo en nosotros mismos, hacernos responsables por los juicios que estamos emitiendo y desarrollar la confianza suficiente para comunicarnos de forma genuina y flexible.

Esto puede hacerse en un nivel concreto y con aplicación práctica, abordando la imagen que tenemos de nosotros mismos y permitiéndonos expresar eso que somos en los distintos roles que jugamos en la cotidianidad. Siendo padres o madres, profesionales de un área, parejas, hijos, hermanos, expertos en un campo del conocimiento, practicantes de algún oficio, todos tenemos múltiples espacios y maneras de comunicarnos, en función de un papel determinado, un contexto y una circunstancia. Una primera revisión puede desarrollarse identificando aquellos espacios en los que me siento más cómodo, en los que creo ser más auténtico; en igual medida aquellos en los que no me siento natural o relajado, los que menos se parecen a mí.

De este modo puedo fortalecer aquellos roles que siento me dan más libertad, así como aprender de aquellos en los que me siento tenso o forzado al flexibilizar mis formas expresivas. En cada parte del proceso, la adaptabilidad y la apertura son fundamentales.

La paz empieza en nosotros mismos; la autenticidad es una decisión personal, también una señal de respeto a quienes somos, a lo que es nuestra identidad. Una forma de crear espacios más armónicos y crear encuentro real, es siendo más auténticos, es permitiéndonos manifestar quienes realmente somos, para que los otros sientan la misma confianza y se sumen desde sus propios espacios a un encuentro genuino.

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UN VIAJE CREATIVO PARA UNA VIDA MEJOR


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La creatividad es un elemento fundamental para salir de las crisis, superar las diferencias, los conflictos y traspasar limitaciones hacia el desarrollo humano. Es la capacidad creadora y creativa, la potencia de superarse a sí mismo, el elemento más distintivo del ser humano.

Como seres humanos, estamos siempre en movimiento subjetivo, en un proceso constante de creación de sentido, de interpretación de la vida y sus fenómenos. Se trata de un intercambio simbólico sostenido que nos permite relacionarnos unos con otros y, en cierto modo, comprender el mundo en el que vivimos. Es en esta dinámica en la cual generamos ese constructo tan especial y provocador, que nos impulsa diariamente: la felicidad.

La felicidad es el bien mayor, la finalidad última de la existencia humana, que se traduce en múltiples imágenes y diversidad de conceptos: la realización personal, el aprendizaje, el crecimiento, la comunión, el encuentro, el desarrollo, el equilibrio, la paz personal; todas estas son manifestaciones del mismo ideal, una muestra del imaginario que nos motiva en nuestro diario devenir y que se encuentra tanto asociado a la noción de la felicidad, como a las posibilidades creativas de cada uno.

La noción de la felicidad produce en cada persona un conjunto de imágenes, cargadas emocionalmente, a las cuales nos sentimos llamados o atraídos. Representamos de distinto modo nuestras aspiraciones, que van transformándose a lo largo de la vida. Con el propósito de mantener esta conexión viva, de adaptar nuestro imaginario a los cambios que se producen con el pasar del tiempo, con el objetivo de lograr avanzar hacia aquello que nos planteamos como meta, utilizamos toda nuestra capacidad creativa, la cual tiene como base la espontaneidad.

Me gusta pensar en la espontaneidad tal y como la define Jacob Levi Moreno, creador del Psicodrama: la capacidad de dar una respuesta genuina, desde adentro, en coherencia con las circunstancias dadas. Entender que el ser espontáneo es ser congruentes con nosotros mismos, considerando además la percepción que tenemos del entorno, nos hace comprender el verdadero alcance del actuar con honestidad y real conexión con eso que somos.

El espacio creativo puede entenderse, entonces, como un lugar en el cual confluyen fuerzas que pueden entrar en tensión, lo que nos da energía para la acción. Vale decir que no siempre los impulsos e imágenes internas se armonizan con las proyecciones que hacemos hacia afuera, hacia los otros y el entorno; por otro lado, las circunstancias de vida, las expectativas y conductas que los otros tienen con nosotros constituyen fuerzas en continuo cambio que pueden impulsar u obstaculizar nuestra dinámica.

En el ámbito más íntimo, entendemos que ser espontáneo requiere valentía y consciencia, en una palabra: conexión. En un ámbito más amplio, requiere fuerza interior, de carácter y temple, para manifestar alternativas de acción frente a situaciones cambiantes y en contraste con el imaginario que llevamos dentro de nosotros.

El proceso creativo, la acción creadora, es un atrevimiento, porque transforma la realidad y de ese modo nos transforma también a nosotros. Pero este atrevimiento es indispensable para generar una vida mejor, para alcanzar mayor satisfacción, para aportar a los otros y al entorno.

Frente a los crecientes desafíos sociales es cada vez más necesaria la creatividad, se hace indispensable que los seres humanos escapemos al quehacer rutinario y encontremos nuevas formas de estar, de hacer y de relacionarnos.

Propongo 5 pasos para activar el quehacer creativo:

1. Percibe tu mundo interior y acepta (abraza) la tensión creativa que hay allí.
• Evita quejarte de los obstáculos y dificultades, también evita menospreciar tu malestar frente a situaciones presentes. Valora ese movimiento interno como una posibilidad creativa y acepta que existe una tensión.

2. Reconoce la divergencia entre unívoco y equívoco, permítete el error, para acercarte a lo diverso y múltiple.
• Esta es una de las tensiones más profundas y más abarcadoras que vivimos: queremos tener siempre claridad, definir nuestro camino, saber dónde estamos y hacia dónde vamos; desde otra perspectiva, esto implica que tememos equivocarnos, por lo cual aniquilamos nuestra espontaneidad y minimizamos nuestra creatividad.

3. Identifica o crea un propósito. Depende de tus creencias, estará aguardando dentro de ti para que lo identifiques, o tendrás que generarlo a partir de tus reflexiones.
• Al inicio esto puede ser una sensación, quizás una imagen que posteriormente traducirás (o no) en una palabra o una frase. Este propósito será un elemento que enlaza y canaliza tu energía. De este modo, tu fuerza creativa empezará a tener un efecto concreto.

4. Reconoce, practica y expande tus roles. Estos tienen una carga emocional y están asociados a personas y circunstancias.
• La teoría psicodramática habla de los roles que tenemos en la vida, en función de diversos contextos y personas (en la familia, en el trabajo, en la universidad, con grupos de amigos, etc.). Al tener el propósito como punto de anclaje, podrás ser más flexible con los roles que juegas en tu vida y, al identificarlos, te podrás hacer más flexible en su interpretación, dejando espacio para lo que consideres sea tu ser verdadero. Este ejercicio ofrece amplitud de visión y de acción.

5. Cuenta tu historia y trasciende. Todos nuestros contactos y experiencias forman parte de la historia que nos contamos y la que compartimos con los demás. Aduéñate más de ese relato y permite que se fortalezca y se transforme.
• La trascendencia está, desde mi punto de vista, en lo que puedas lograr poniéndote al servicio de los demás. Que tu relato y tu saber sea compartido, que te abras a ofrecer y dar, permite que trasciendas en tu experiencia cotidiana y que otros crezcan o se eleven contigo. La trascendencia también está en las posibilidades transformadoras que se presentan en todo acto de comunicación.

Este es, para mí, el viaje creativo hacia una vida mejor. Este recorrido se hace individual y colectivamente, enlazando mi vivencia íntima con la relación con los demás y el entorno. Es en el intercambio el espacio donde se define la posibilidad de ser y renacer en cada acto, cuando es espontáneo y abre posibilidades creativas.

El mundo es una recreación de nuestras inquietudes e intereses, todo lo que visualizamos y expresamos genera un efecto allá fuera. Seamos responsables de nuestras creaciones y aceptemos el potencial que tenemos de generar una vida buena para nosotros y para otros, en un movimiento compartido hacia la trascendencia.

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En lo expresivo, abraza tus limitaciones


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Generalmente intentamos escapar de los límites, romper cualquier elemento que consideremos una barrera, superar o eliminar todo aquello que nos aleja de realizarnos en nuestro máximo potencial. Sin embargo, en lo que se refiere a la expresión y a las habilidades de comunicación, existe otra perspectiva que nos ofrece una amplia riqueza de posibilidades y nos reconcilia con nuestra condición.

¿Qué pasaría si en vez de enfrentar aquello que consideramos nos limita, lo aceptáramos y abrazáramos plenamente? ¿Qué ocurriría si lo convertimos en un escalón para avanzar, incluso sabiendo que esa limitación va a seguir con nosotros?

En mi proceso de aprendizaje en el mundo de la actuación teatral, iniciado en el año 1991 y que nunca termina (es apasionante este camino de crecimiento), esta lección surgió con mucha claridad, gracias a la guía de maestros muy especiales: integra tu limitación, entiéndela como una parte de ti y utilízala para avanzar.

Esto me pareció sumamente interesante e iluminador, sobre todo porque el primer paso requiere mucha conciencia, pues hay que identificar aquello que nos está deteniendo en nuestro avance, eso que sentimos coarta una posibilidad mayor o mejor.

El cambio de perspectiva que se produce es total, con efectos tan sutiles como significativos. Intento describirlo a continuación:

  1. El primer elemento, como ya he mencionado, es el trabajo sobre la percepción. El desafío es percibirnos sin juicio, mirar sin ideas preconcebidas sobre cómo deberían ser las cosas dentro de nosotros o en nuestra expresión. De modo que si veo que tengo limitaciones en el uso de mi voz, que no matizo al hablar o que no logro una adecuada proyección, solamente debo identificarlo sin calificarlo de forma alguna. Lo mismo ocurre con limitaciones internas, como con el miedo escénico o la duda al desarrollar una conversación o interpretar un papel en escena (o jugar un rol en el ámbito laboral); puedo identificar y mirar esas emociones en movimiento, sin juzgarlas.
  2. El paso siguiente es aceptar esas características como una condición presente en mí, que puede cambiar o evolucionar, pero frente a lo cual no necesito luchar o hacer resistencia. La mayoría de las veces, pelear con ellas solamente las refuerza; mucho mejor es relajarse interna y externamente, para poder comenzar una exploración sobre las mismas. Este es el proceso de aceptación: si se trata de limitaciones con mi voz, puedo dedicarme a explorar los sonidos que produzco, a practicar con la respiración y distintas formas de hablar o cantar, de hacer fluir mi voz por el espacio; igualmente con las emociones que puedo sentir, como temor o dudas, en cuyo caso la exploración requiere de especial atención a cómo se presentan, qué sensaciones físicas las acompañan, cómo se mueven en diversas situaciones, entre muchos otros elementos que de seguro irán apareciendo.
  3. Surge entonces un nuevo conocimiento. La limitación no desaparece, no estoy trabajando para superarla, sino que estoy entrando en ella. Entonces descubro nuevas posibilidades con mi voz y encuentro maneras de colocar el cuerpo y la respiración que me ayudan a proyectar mejor, o integro ciertas formas de movimiento para mejorar la resonancia, o sencillamente empiezo a explorar comunicación con audiencias más pequeñas para descubrir un nuevo espacio de desarrollo de mi expresión; quizás comienzo a comprender cómo se manifiesta el miedo en mi interior y de qué manera me es útil, para estar más alerta o advertirme de riesgos que tal vez sea mejor no tomar en el momento presente. Todo esto lo logro aceptando e integrando eso que veía inicialmente como una limitación, que fue sencillamente una característica y que ahora se transforma en un bien, un elemento que juega a mi favor, un nuevo talento.
  4. La conciencia, la indagación, la práctica y el entrenamiento de estos elementos, me permitirá comprender mejor la dinámica de mi propia identidad, ganando en flexibilidad y en posibilidades, para una mejor comunicación y más libre expresión personal.

Este es el proceso que he vivido y en gran parte mi perspectiva de apoyo a otros, con el propósito final de lograr una expresión más genuina, honesta y armónica, lo que lleva a un impacto más profundo y duradero.

Finalmente, forzar la forma y luchar, lleva únicamente a mayor tensión y modos expresivos poco naturales. Esta perspectiva sobre el trabajo expresivo, parte de la necesidad de balance y fluidez, lo que además constituye la posibilidad de más entendimiento y mayor paz en el mundo actual (pero esto es ya material para otro texto).