Sueños

Dialogar con los sueños


No hay comentarios

Soñar y corporizar: el proceso imaginativo

Los sueños están vivos, son un material dinámico, en constante movimiento. Me acompañan en todo momento, dialogando con mis sensaciones, emociones, pensamientos y acciones. Se transforman en un instante cuando intento recordarlos, o incluso en el momento de experimentarlos.

Las imágenes que aparecen durante la noche, cuando estoy dormido, y las que emergen en vigilia cuando estoy atento, se conectan para traerme preguntas e infinitas posibilidades. El trabajo diario de encontrar allí una narrativa propia se hace tanto exigente como parte de mi naturaleza.

He estado aprendiendo, al pasar de los años, a reconocer el imaginar y el soñar como uno de los elementos más relevantes de mi propia existencia, algo que es inherente a toda la humanidad.

… El hombre produce símbolos inconsciente y espontáneamente en forma de sueños (…) Por regla general, el aspecto inconsciente de cualquier suceso se nos revela en sueños, donde aparece no como pensamiento racional sino como imagen simbólica.

JUNG, Carl G. El Hombre y sus Símbolos. Ediciones Paidós Ibérica S.A. España, 1995.

Todos imaginamos, simbolizamos, creamos. Seres imaginativos y creativos por naturaleza, otorgamos sentido a nuestras vivencias y a todo lo que está en el mundo a través del diálogo subjetivo que nos vincula. Al respirar, estoy recibiendo y entregando aquello que me compone y, en conjunción con otros, creo y soy creado por el universo simbólico que nos contiene, que se expande y cambia continuamente.

Cambia así el modo de percibir, en una multiplicación de significados que nos implica por entero. La imagen es entonces movimiento y emoción, sensación y diálogo, melodía y danza. Así tal vez se va recuperando la vitalidad, el sentido de un camino particular que nos es propuesto transitar, para retornar a una nueva posibilidad del ser esencial.

Así como en la escena (teatral o psicodramática), la exploración de las narrativas, de las personas y los objetos, el abordaje de los sueños también se realiza en relación con las sensaciones que producen, el movimiento que se percibe dentro. Cuando se sigue la pista de alguna vibración, se empieza a crear un espacio para la interacción creativa con el contenido que ha surgido de la imaginación.

La Dra. Leslie Ellis, al referirse a planteamientos de Gendlin, afirma:

Nuestros sueños representan un proceso potencial que está todavía desplegándose y por lo tanto está disponible para la interacción. Los sueños pueden revelar nuestros procesos internos en la medida en que se desenvuelven, lo cual permite que nuestra consciencia participe de ello. Por esto, los sueños representan grandes oportunidades. Gendlin escribió que incluso pequeñas adiciones a eventos inconclusos pueden producir grandes y extensas diferencias… Es por eso por lo que eventos inconclusos son, a su propia manera, más memorables y abiertos a la interacción que las experiencias ordinarias.

ELLIS, Leslie. Gendlin’s Unique Contribution to Dreamwork: Embodying Helpful and Contrary Elements to Bring in the New. 2021.

Me conecta y moviliza el hecho de concebir el sueño como algo vivo que está en proceso de elaboración o desenvolvimiento, en lo cual somos convocados a participar. Esto desplaza el proceso de abordaje del sueño hacia lo experiencial y dinámico, asumiendo la indispensable otredad. El material simbólico de los sueños no me pertenece, sino que es parte de «otro» (ámbito, ser, presencia) que me invita a la interacción creativa.

En este proceso de diálogo y relación con el sueño, el otro terapeuta, el otro del inconsciente, es quien posibilita la difícil consideración de lo nuevo, de aquello que nos es desconocido. Esto puede asemejarse al proceso actoral de explorar un contenido (un personaje, un texto, un algo constituido en imagen) que no me es natural o habitual, en el cual requiero ingresar desde el cuerpo psíquico: la experiencia vital integradora.

Por ello quizás no es útil dar a las imágenes una interpretación cerrada, como si se completara algo en el instante en que lo ubico claramente en determinada dimensión y significado, cuando en realidad estos símbolos producen múltiples posibilidades que rodean una narrativa, un conjunto de emociones, experiencias que apuntan a contenidos inconscientes, complejos personales o aspecto de ese otro universal.

Un símbolo representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros. (…) Así es que una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que un significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto inconsciente más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado.

JUNG, Carl G. (1995). El Hombre y sus Símbolos. Educiones Paidós Ibérica S.A. España, 1995.

El sueño se aborda a través de lo inconcluso o lo que está incompleto: el juego imaginativo y creativo que se ancla en el cuerpo, donde anidan sensaciones y emociones. Así, no se interpreta sino que primero se experimenta.

Soñar es parte natural de nuestra corporalidad, un proceso dinámico. Todo lo que hagamos para alinearnos con esta manifestación vital la va a fortalecer. (…) Únicamente encarnando y sintiendo los espacios plenos de recursos nuevos, o corporizando de forma auténtica la experiencia subjetiva de los más extraños elementos, podremos tener acceso a la sensación sentida de aquello que el sueño está trayendo y que nos llevará hacia adelante.

LESLIE, Ellis (2021). Gendlin’s Unique Contribution to Dreamwork: Embodying Helpful and Contrary Elements to Bring in the New. 2021.

Se trata de un proceso imaginativo que nos implica por completo, en una interacción dentro de la cual es imposible no transformarnos. Somos absorbidos y a la vez contenemos esas imágenes, ellas constituyen la otredad inaccesible que sin embargo nos es revelada constantemente.

Habiendo tanto que desconocemos de nosotros mismos, nuestra naturaleza esencial y todo aquello que nos rodea (desde adentro y desde fuera), la imaginación y aquello que emerge a través de los sueños constituyen elementos orgánicos y autónomos que nos ofrecen un saber auténtico y original. Son aspectos fundamentales para nuestra sobrevivencia y desarrollo.

Para abordarlos, trabajar con ellos, fortalecer nuestro vínculo con su dimensión misteriosa, es indispensable la experiencia vital (corporal, física concreta), que incorpora la reflexión, la sensación y la emoción: todo aquello que integra también un artista en su proceso creativo. Todos somos, por supuesto, seres creativos y creadores.

Es el cuerpo el contenedor de todo esto, es allí donde reside la posibilidad orgánica de los sueños y sus imágenes. En la dinámica de exploración, se abren las posibilidades creativas de corporizar el contexto, las presencias, los personajes, los sucesos e incluso de ir más allá en el desarrollo de las escenas presentes, las implícitas y las emergentes. No hay imagen sin cuerpo que la experimente.

Así se manifiesta una aproximación por fases, donde volvemos a entrar en el sueño para experimentarlo en detalle o enfocarnos en un determinado elemento. Así percibimos el movimiento que produce dentro de nosotros, las reacciones físicas y emocionales que evoca. Esto ofrece un territorio tan amplio como preciso para integrar la vivencia y percibir el diálogo que abren sus contenidos.

La exploración no se detiene, porque es un devenir, la forma en que nos desenvolvemos y revelamos progresivamente en la existencia. La facultad (o la experiencia) de soñar e imaginar, es inherente a la existencia humana y tal vez la más importante característica de nuestra especie.

Coaching

Clarificar


2 comentarios

Este texto forma parte de la serie de reflexiones en torno a las Maestrías de la IAC: (1) establecer una relación de confianza; (2) percibir, afirmar y expandir el potencial del cliente; (3) escuchar con compromiso; (4) procesar en el presente; (5) expresar.


Del conjunto de Maestrías de la International Association of Coaching (IAC), la de clarificar es una de las que más me ha impulsado a comprender mis propias dinámicas de desarrollo y de conocimiento de mí, de mi entorno y circunstancia.

En mi experiencia es uno de los procesos que más caracteriza la práctica del coaching, oficio en el cual se hace énfasis en trabajar con lo que está presente y poner todo a la vista, es decir, en la medida posible acompañar al cliente a que sea capaz de disminuir la confusión que muchas veces pueden producir vivencias complejas, tensiones en la toma de decisiones, distorsiones de la percepción, creencias contraproducentes y emociones intensas.

Imagino generalmente el proceso de clarificar como uno de discernimiento, en el cual cada cosa va tomando su lugar. Es posible así establecer algunas distinticiones en función de los objetivos planteados por el cliente, para apoyar su búsqueda particular de sentido.

Podríamos pensar que el acto de clarificar plantea una acción superficial, en la cual se elige esto o aquello, pero esto no refleja lo que realmente implica el proceso (que no la acción única) de clarificar. Precisamente esta maestría podría abordarse como una herramienta que nos apoya a navegar la complejidad y la incertidumbre, a reconocer la duda y las múltiples posibilidades presentes en cada momento de la vida.

Es lo que he experimentado al integrar la maestría de clarificar a mi vida cotidiana. En algunos momentos, ha hecho la diferencia entre la cooperación y el conflicto. Ampliando su alcance, incluso más allá de la práctica del coaching, creo que clarificar apoya en cualquier interacción humana:

  • Cuando tenemos una conversación ¿estamos captando verdaderamente lo que la otra persona nos quiere decir? También vale preguntar ¿está esa otra persona recibiendo realmente lo que nosotros expresamos? El proceso de comunicación es tan dinámico y de múltiples niveles, que se hace indispensable clarificar constantemente: «¿Es esto lo que quieres decir?»
  • En el momento de hacer elecciones en la propia vida, también es necesario clarificar repetidas veces. En el instante previo a la decisión, al momento de tomar una opción determinada, e incluso una vez que ya hemos avanzado por un camino elegido. Esto implica volver a preguntarnos cómo nos sentimos y si queremos mantener esa dirección, o si estamos considerando nuevas posibilidades.

Se trata de un elemento clave de la brújula interna y también de la retroalimentación de otros. Quizás como un reforzamiento de lo que otras maestrías de la IAC nos han planteado, esta exige abrir los sentidos y fortalecer la vinculación con nuestros deseos genuinos para poder establecer una relación dinámica de ubicación en nuestra vida.

¿Estaré avanzando por el camino que quiero? ¿Me estoy acercando a mi meta? ¿Esto que hago apoya mi bienestar? ¿Cómo me siento con respecto a esta experiencia determinada? ¿Cómo está mi relación con estas personas?

Para poder clarificar necesito, además, tener a mano mis aprendizajes, mis experiencias previas, mis capacidades. No necesariamente para trasladarlos al presente sin modificarlos, sino porque funcionan como puntos de referencia incluso en situaciones en las cuáles necesito desarrollar nuevas competencias o transformar mi perspectiva.

En la dinámica del coaching esto se impulsa a través de las preguntas abiertas y el uso de técnicas como el parafraseo y la expresión (cuando el coach comparte lo que percibe). En esos momentos la persona cliente puede percibir «desde afuerta» su propia lógica, el sentido de sus palabras y proposiciones, para avanzar en la estructuración de una narrativa coherente que le permita avanzar en la dirección que propone.

Clarificar es, desde este punto de vista, la llave para crear una historia diferente, la que todos necesitamos en un proceso de adaptación o cambio. Si bien no todo lo que pasa en nuestra vida podremos comprenderlo, es el rol de la conciencia actualizarse constantemente, en su papel de testigo de nuestras experiencias. Crear el propio relato y que tenga sentido para nosotros es indispensable en el proceso de fortalecimiento de la identidad y de la resiliencia, también una base importante para el desarrollo de la creatividad.

Estar en el mundo es un constante proceso de clarificación de todos los elementos que conforman nuestro relato: expectativas, inquietudes, retrasos y avances, cambios inesperados, momentos oscuros, encuentros y desencuentros etc.

De este modo podemos percibir a la persona que somos como unidad, como un ente coherente que interactúa con sus dinámicas interiores y los otros seres a su alrededor, se establece metas y actúa para alcanzarlas. Se trata de un esfuerzo constante por iluminar los rincones oscuros que llevamos todos los seres humanos, mantener encendida una linterna incluso en los momentos de tormenta.

Coaching, Psicodrama

Expresar


1 comentario

Volvemos al recorrido por las 9 Maestrías de la International Association of Coaching, esta vez para compartir ideas y reflexiones relacionadas con expresar.

Ya antes he hablado de procesar en el presente; escuchar con compromiso; percibir, afirmar y expandir el potencial del cliente; y establecer y mantener una relación de confianza. En la medida en que nos vamos adentrando en el entramado que constituyen las Maestrías de la IAC, podemos percibir la fuerte conexión que existe entre cada una de ellas y cómo en su conjunto dibujan la constelación de la práctica del coaching.

Sobre expresar, lo primero que quiero decir es que el compartir de la visión del coach dentro de una sesión, siempre ocurre para el cliente, en función de sus ritmos y propuestas, preocupaciones y búsquedas. Esto puede constituir un gran desafío, dado que no se trata de un acto de demostración de conocimiento o sabiduría, sino de una interacción que expande o profundiza el asunto que está presente y la comprensión que se puede lograr sobre el mismo.

Además, la maestría de expresar es posible únicamente en el momento del proceso en el cual el cliente posee la suficiente confianza y fuerza para responder a lo que el coach le propone, incluso contradecir sus ideas y percepciones, en una dinámica donde es siempre este cliente quien tiene el rol de protagonista.

Por otra parte, veo esta práctica como una forma de elaborar comprensión y conocimiento, de transitar por los espacios internos y reflejar en el mundo concreto aquello que se está produciendo en el territorio íntimo. No hay expresión sin conexión emocional e imaginativa, sin contacto vital entre los seres humanos que están imbricados en la dinámica del diálogo movilizador. De alguna forma, esta línea de acción que es el expresar configura la idea del coaching como escuela de pensamiento, como generadora de filosofía.

Es posible reconocer el movimiento en distintos niveles: uno práctico, de abordaje de una situación, conflicto, tensión, que se trae a la sesión; otro simbólico que permite acceder a experiencias del pasado, proyecciones hacia el futuro (incierto y movible), o reconocer los aprendizajes del presente. En este último ámbito, se incluye el reconocimiento de aspectos personales que necesitan ser vistos y, de cierto modo, sostenidos o integrados.

Pienso como paralelismo, por ejemplo, en el compartir que se produce como etapa final de una sesión de psicodrama. En ella, la clave es la expresión de las resonancias que han tenido las escenas desplegadas por el o la protagonista durante la escenificación, evitando el análisis de la situación o el brindar consejos o recomendaciones, para poner todo el foco en lo que se ha sentido o experimentado, ya sea en la ejecución de un rol o como audiencia.

Una primera fase de esta maestría de expresión puede ser vista, entonces, como un compartir, por parte del coach, de las resonancias y percepciones que se generan en él o ella a partir de lo que expone su cliente. No para tomar el protagonismo o demostrar sus capacidades, sino para acompañar en el proceso de mirar y reconocer; así ocurre una expansión de la conciencia en ambas partes.

Quizás en un proceso más largo y en la dinámica de interacción sostenida entre coach y cliente, se pueda producir más tarde una experiencia similar a la que se produce en el rol del doble en psicodrama. El doblaje, como técnica psicodramática, requiere de esa doble conexión: lo que pasa con la persona que dobla y lo que está moviéndose dentro del protagonista, siendo esto último lo que marca la pauta a seguir.

Así podemos ver las múltiples posibilidades de la maestría expresar, que emerge en la relación de las dos personas vinculadas durante las sesiones de apoyo. Concretamente hemos visto:

  • La expresión siempre está en función y se produce para el cliente.
  • Es un proceso de elaboración y comprensión de múltiples elementos, desde lo práctico y hasta lo simbólico.
  • Incluye lo que el coach puede percibir y sentir (lo que le toca internamente), y a veces incluso aquello que el cliente no dice.

Cuando llevamos esta maestría a la vida cotidiana, para retomar la dinámica en la cual las experimento una a una en mis interacciones y experiencias, es inevitable que venga acompañada del silencio. La expresión sólo puede surgir del silencio, de la escucha, de la espera; es un estado de receptividad donde la palabra aparece cuando es necesaria.

Expresión y silencio son inseparables. La primera produce realidades, la segunda abre pasadizos hacia ámbitos profundos y desconocidos; juntas facilitan transformaciones.

En mi experiencia, encontrar mi propia expresión es el desafío mayor y también la tarea ineludible que me corresponde en vida. Tal vez de eso se tratan los procesos de apoyo y acompañamiento a otros, de que cada una y cada uno encontremos nuestro propio camino y empecemos a expresarnos de forma genuina, creativa y espontánea.

Coaching

El Presente


2 comentarios

Seguimos esta serie referida a las 9 maestrías del Coaching, planteadas y promovidas por la International Association of Coaching, revisadas de una forma vivencial y privilegiando el movimiento emocional e imaginativo al trabajar con cada una de ellas. Siguiendo el método planteado me dediqué durante una semana a experimentar mantenerme procesando todo en el presente. Es curioso que me percibí haciendo un esfuerzo por lograr esta propuesta, pues me pregunto dónde más podemos estar si no es en nuestro presente.

Recordemos que venía del proceso de escuchar con compromiso y que antes de ello habíamos estado percibiendo potencialidades sobre la base de la confianza. Mi vivencia ha sido que solamente al conectar con el momento presente todo lo anterior cobra su verdadero sentido. El ahora permite aceptar el devenir constante de nuestra experiencia subjetiva, la actualización indetenible de nuestras percepciones. Desde mi perspectiva se trata de cierta renuncia al «pretender», al «creer ser» y al «aspirar».

A veces se concibe el presente como el momento en el cual estamos construyendo el mañana, pero lo que he estado sintiendo está lejos de la idea de edificar, actuar para avanzar hacia algo (una visión que hemos creado). Me parece que podría tratarse de algo muy diferente, y me atrevo a decir que estar en el momento presente y procesar desde ese espacio-tiempo toda la información y estímulos, no consiste en otra cosa que escuchar-nos sin expectativas.

Esta constituye una fase en la cual involucramos todos nuestros recursos perceptivos y el amplio instrumental que tenemos para reconocer nuestras transformaciones interiores. Especialmente se manifiestan las intuiciones, las emociones, las movilizaciones de creencias sostenidas artificialmente, en un movimiento casi instantáneo que nos sacude desde adentro.

Sorprendentemente estar en el presente nos habilita para viajar en el tiempo y renovar la experiencia subjetiva relacionada con nuestros apegos pasados y futuros. Lo que se nos exige al trabajar en el ahora es abrazar la incertidumbre, que contiene posibilidades múltiples, para que pueda emerger lo nuevo a través de la tensión creciente que produce soltar los paradigmas antiguos y aceptar que no estamos en control del futuro. Cualquier otro procesamiento se quedaría en la superficie y fortalecería la distancia existente entre nuestra conciencia y la autenticidad que nos habita.

En este sentido es esta una exigencia inmensa, que requiere un acto de mucho valor, porque demanda abandonar la idea de «lo que creo que fui y lo que creo que seré», para asumir un estado de no saber, de fluidez con aquello que emerge de forma espontánea a través de nuestra presencia. En un nivel profundo, se experimenta una especie de reconciliación radical con todo lo que fue y lo que será, dado que hay un movimiento intuitivo y creativo que otorga sentido a la experiencia personal.

Todavía diré una cosa más sobre mi experiencia procesando en el presente: lo importante no es el destino, el objetivo o la meta; tampoco el camino recorrido; lo más relevante es la innovadora vivencia de aquello que se va actualizando minuto a minuto, la chispa que se mantiene encendida creando y recreando nuestras posibilidades. Ese flujo indetenible es lo que realmente estamos buscando recuperar, lo demás es ruido fútil sin consecuencia.

Ello también nos permite vincularnos de forma más completa a vivencias compartidas, a la presencia de la naturaleza, de los seres vivos y al devenir del planeta, pues en la medida en que somos más conscientes de nuestra individualidad también lo somos del colectivo. Somos presencia y movimiento constante para la regeneración de todo lo que existe.

¿De qué forma esto se manifiesta en nuestra vida cotidiana? Sobre todo a través del silencio y un profundo sentido de compasión, una flexibilidad radical y adaptación constante a eso que nos saca del camino que creímos era el nuestro. Dicho de otro modo, es en el presente cuando se manifiestan las potencialidades, pero no de la forma en que creemos debe ser (relacionadas con el éxito o la realización de nuestros sueños), sino de la manera en que es (verdaderamente). El fracaso tiene un papel fundamental aquí, porque asienta nuestro ser en una dimensión genuina.

Lo que no deja de sorprenderme es que esto nos lleva al movimiento constante, a la conexión con el profundo sentido de nuestra existencia personal, al sentido de nuestros actos en función de lo que necesitamos y el encuentro con otros, a la realización constante de eso que hemos venido a aportar al mundo.

Coaching

Escuchar con compromiso


3 comentarios

En este viaje de conexión y exploración por las Maestrías de la International Association of Coaching (IAC), hemos seguido un método sencillo: nos enfocamos en experimentar cada noción durante un período de 7 a 10 días, para percibir lo que emerge de ese enfoque.

Trabajé recientemente con la tercera maestría: escuchar con compromiso. La vivencia que he tenido ha sido sencilla y profunda, la de estar presente y mantenerme percibiendo los estímulos que provienen tanto del entorno como del mundo interior, sin responder a ello inicialmente, solamente recibiendo información.

Sumado al proceso que traía de percibir posibilidades, el flujo de mi atención se transformó hacia algo más concreto que, sin embargo, no dejó de multiplicarse continuamente. Desde mi experiencia subjetiva podría decir que percibir potencialidades me lleva al mundo de lo sutil, a la fuerza y multiplicidad de todas las posibilidades; mientras que escuchar con compromiso me traslada al devenir de todos los sonidos, movimientos, sensaciones y emociones que van generándose momento a momento.

Dentro de este recorrido tiene mucho sentido entonces la interconexión entre afirmar-expandir el potencial y la escucha comprometida. Este último acto es indispensable para poder dar forma a todo lo que es posible, para elegir, si cabe esa palabra, la potencialidad que se va a desarrollar o a seguir.

Pero la dinámica debe llevar, naturalmente, a procesar en el presente (que es la cuarta Maestría), para darle todavía un contexto más sólido a la dinámica en evolución. Sobre ello ahondaré en la siguiente entrega.

Por lo pronto, quiero quedarme conectado con la escucha, que me exigió suspender cualquier argumento o juicio interno, para poder abrir progresivamente mi percepción a lo que es, a lo que voy recibiendo en ese ámbito limítrofe que es la atención dirigida. En este ejercicio se hace claro que lo que hay adentro y lo que hay afuera está interconectado, en una interacción constante de la cual emergen o en la cual se reflejan las experiencias.

De pronto cada cosa, fenómeno, presencia, incluso las más sutiles, comenzaron a manifestarse con mayor claridad. Los flujos de las relaciones, de los momentos a lo largo del día, cobraron nuevos sentidos y me sentí, curiosamente, más partícipe y co-creador de mi propia experiencia cotidiana.

Con la escucha se abren nuevas dimensiones. Hay una cualidad especial allí, una especie de espera atenta, de la cual emergen otras capacidades, quizás insospechadas. Quizás esto ocurre porque al escuchar necesito dejar de hablar o de prepara mis respuestas, lo que me coloca en una posición vulnerable y de apertura; ello me obliga a conectar con otros recursos y a desarrollar habilidades que había dejado a un lado.

En ese proceso hay un elemento adicional que se ha hecho radicalmente importante: la escucha comprometida me permite ingresar y sumergirme en la perspectiva del otro. Ese otro que no soy yo, que tiene sus particulares perspectivas y vivencias, se abre a través de mi silencio y yo puedo asumir su posición y comprenderle. Se trata de un acto de compasión y conexión profunda en la cual puedo ser aquel que está delante de mí sin dejar de ser yo.

Entiendo que este es el acto transformador del comunicarnos, de donde provienen las posibilidades de cambio del coaching. La escucha ancla las posibilidades en el ámbito intermedio entre el uno y el otro, para que ellas emerjan con su propia fuerza; para ello, el silencio que existe en la escucha debe ser sostenido significativamente, operación a la cual no estamos habituados.

Encontré en el ejercicio una espera y un ritmo más pausado, que no me empuja a buscar soluciones a determinada situación, o a resolver de inmediato una tensión reconocida. Por el contrario, la escucha comprometida me lleva a conectarme más profundamente, percibir con todos mis instrumentos, reconocer la situación en toda su extensión. Sólo así se produce una conexión genuina de la cual la acción resultante será inevitable.

Refinar la escucha, fortalecerla, requiere de valor y paciencia, de fuerza interna y disciplina, para permitir el reconocimiento de otros recursos que aguardan más hondo dentro de nosotros y en las situaciones que atravesamos.

Coaching

Percibir potencialidades


4 comentarios

Luego de haber reflexionado sobre el elemento de la confianza, dentro y fuera del ámbito de los procesos de acompañamiento, apoyo y coaching, me conecto ahora con la segunda maestría de la International Association of Coaching: Percibir, afirmar y expandir el potencial.

Aunque específicamente referido a la práctica del coaching en conexión con lo que está presente en el cliente, también abarca el contexto, las distintas situaciones en desarrollo y las múltiples relaciones con las dimensiones internas y externas de la experiencia.

Durante el tiempo que he estado meditando sobre esta noción, he podido percibir que se abren posibilidades infinitas, con una amplitud inconmensurable de aquello que aguarda para manifestarse o crearse. Mi sensación inicial ha sido la de sentirme excedido y abrumado por todo lo que podría ocurrir o presentarse.

Basta realizar el ejercicio de imaginar aquello posible para percatarnos de las innumerables opciones que aparecen, tanto referidas a lo que podemos impulsar o crear, como aquello que acontece fuera de nuestro control y que sin embargo ejerce influencia relevante en nuestro camino.

Percibir las potencialidades conecta, además, el presente de nuestras cualidades actuales con el futuro de lo que podemos generar con ellas y los recursos disponibles o por llegar. Por ejemplo, si tengo una buena voz y soy afinado, yo podría convertirme en un cantante, pero esa probabilidad no solamente es dependiente de mis habilidades o talentos, sino de circunstancias impredecibles que no se han presentado todavía.

Desde esta perspectiva, la idea de que todo es posible me lleva a la experiencia de lo contingente (lo posible y necesario), lo que constituye una noción absolutamente abrumadora que puede generar confusión o indefinición, porque se relaciona a alternativas múltiples sin que haya necesariamente un foco definido.

Se hace necesario entonces pasar por un proceso de discernimiento entre las potencialidades internas y externas, en el juego constante entre futuro y presente. De este modo, aunque acepto la afirmación de que todo tiene potencia (todo es posible), el elemento crucial es aquello a lo que le brindo mi atención y le doy mi energía.

La distinción es factible cuando se basa en un propósito que se define internamente primero, una intención subjetiva que podría ser, en algunos casos, difícil de comunicar. La dirección que me abrirá a potencialidades específicas no viene solamente de objetivos y metas definidas concretamente, sino también de percepciones intuitivas, emocionales y sensoriales que son procesadas subjetivamente, que constituyen mi original concepción de las cosas y formas de actuar.

De este modo llego a comprender que la idea de una potencialidad natural podría estar asociada a un llamado personal, que es la base de nuestras realizaciones a lo largo de la vida. Dicho de otro modo, percibir, afirmar y expandir nuestro potencial se convierte en un proceso consistente de fortalecimiento de lo que nos es propio, de lo que es auténtico.

En este punto me sorprende que el siguiente paso, para mí, es un acto de recogimiento y no de expansión. En esta línea de reflexión llego a la sensación de que, para realmente abordar las potencialidades, necesito ir hacia dentro y mantenerme presente, para reconocer aquello que es importante y necesario (la idea de lo contingente) para mí.

No es necesario malgastar energías yendo detrás de todas las cosas o de cualquier meta. Mejor es evitar aquella idea de que la vida es un ascenso indetenible y que una vez alcanzado cierto logro debo ir a otro mayor.

Conectar y reconocer las potencialidades es ir tras una energía que es difusa, poco específica y sumamente dinámica, por lo cual se requiere de un esfuerzo especial para dirigirla . Entonces se hará posible identificar la clave específica de mis posibilidades particulares, reconocernos para poder producir el movimiento que se nos hace indispensable y que forma parte de nuestra búsqueda.

Finalmente nuestra mayor potencialidad podría ser parecernos cada día más a quienes somos, alcanzar una expresión más genuina y auténtica de nosotros mismos.

Sin dudas, hay que tender puentes entre lo interior y lo exterior, entre la forma y el fondo; entre el pasado, el presente y el futuro.

Coaching

Una relación de confianza


6 comentarios

La confianza es un bien especialmente valioso, esencial para todas las relaciones que tenemos en nuestra vida, especialmente las más cercanas. Tiene asociado un elemento de vulnerabilidad que se manifiesta como liberación de defensas y armaduras pesadas que, en ocasiones, nos distancian de nuestra expresión más genuina.

Durante este año (2020), he tenido el privilegio de acompañar, en procesos de apoyo y contención emocional, a muchas personas que están enfrentando situaciones sumamente desafiantes, producto de los cambios y las exigencias impuestas por la crisis de la COVID-19. En esta dinámica, los aprendizajes han sido múltiples y valiosos, también los retos constantes para crear un espacio de confianza adecuado.

Entre las herramientas y los marcos técnicos que me han sido de utilidad en el proceso, están las 9 Maestrías de la International Association of Coaching – IAC. Hoy inicio una revisión subjetiva sobre sus planteamientos, abordando de manera intuitiva, y reflexionando sobre mi vivencia, la primera de ellas: establecer y mantener una relación de confianza.

Las resonancias que tiene este planteamiento inicial son muy relevantes y en un abordaje rápido resaltan la noción de confianza. Sin este elemento, difícilmente hay contacto genuino y movimiento. Confiar implica reconocer aquello que no está bajo nuestro control, para ceder espacios que permitan que las cosas (los aprendizajes, las transformaciones) ocurran.

No es un proceso necesariamente sencillo, porque hay una fina línea en momentos de crisis que diferencia entre una confianza ciega que lleva a la inacción y otra que impulsa a la reflexión y a la acción. En una relación de apoyo, acompañamiento, facilitación o coaching, la confianza se percibe primero desde adentro, porque reafirma la capacidad de los actores involucrados en una situación determinada para abordar el conflicto o desafío, buscando alternativas para enfrentarlo, resolverlo o transitarlo.

Generalmente se asocia este aspecto de la confianza con reconocer que siempre es posible crecer, cambiar, desarrollar nuevas visiones, en una dinámica que puede sorprender y está llena de posibilidades. En mi experiencia, también está asociada a la conexión emocional y el conocimiento intuitivo, que nos apoyan en el tránsito de territorios desconocidos.

Allí encontramos otro elemento esencial: el que se refiere a la relación. Si lo abordamos específicamente en la interacción entre el coach y el coachee, se refiere entonces al vínculo que se genera dentro del proceso como la base para la transformación que ambos actores experimentan. Es una conexión de interdependencia que fortalece la autonomía de cada uno.

Si lo trasladamos a todas nuestras relaciones, notaremos que la confianza es algo emergente que no le pertenece a ninguna de las partes pero que los involucra a todos. La confianza no se controla, no se demanda, sino que requiere apertura y escucha, un reconocimiento de las particulares cosmovisiones de los otros.

Cuando nos enfocamos en la relación se hace imposible dejar de reconocer que allí donde surge la confianza también aguardan las contradicciones: la duda, la suspicacia, la inevitable aparición de las oscuridades e incertidumbres de toda persona y todo vínculo.

El andar por los territorios a veces sombríos del autodescubrimiento, requiere del valor y la confianza de reconocer temores, rabias, frustraciones y soledades. La relación y el estado de confianza dependen de las vivencias interiores de cada persona y su capacidad para, aun cuando se comentan errores o emerja la negatividad, mantener un estado de conciencia abierto y de reconocimiento de las propias heridas y limitaciones.

Una relación de confianza se sostiene por el compromiso implícito (o explícito) de crecer juntos, por el esfuerzo sostenido de no herirnos a nosotros o a los otros. Aceptación, apertura, flexibilidad, son base para una relación de confianza que abra el espacio para transformaciones genuinas. Constituye, además, una red de seguridad para momentos de crisis profunda.

Visto así, establecer y mantener una relación de confianza constituye un desafío cotidiano, en el cual cada acto suma al conjunto de percepciones que fortalecen o debilitan el vínculo, siendo este también un reflejo interior de los involucrados, de sus anhelos, visiones y juicios. La complejidad sólo se soporta por la certeza del compromiso ético y el esfuerzo honesto por mantener la interacción enfocada en la superación de la crisis, el bienestar y el desarrollo.

Arteterapia, Sueños

Imaginación: de lo interior y lo exterior


No hay comentarios

Recientemente, revisando notas, me encontré con notas y libros que han sido muy significativos para mí y que he ido integrando a mi cosmovisión de tal modo, que por momento olvido que constituyeron cambios de perspectiva.

Lo primero fueron unos poemas que había perdido, escritos en tiempos de mi adolescencia y que fueron productos del dolor causado por un amor no correspondido. Recordé que su rechazo, su indiferencia, me hirió en el justo lugar para empezar a tocar las cosas con otros nombres.

Ese sufrimiento adolescente me cambio la forma de ver y sentir, al generar ecos infinitos que me permitieron comenzar a escribir, componer versos y registrar historias que más tarde podría compartir. En otras palabras, aquella vivencia me llevó a ser consciente de mi capacidad de imaginar y crear.

El otro material que apareció ante mis ojos, de consulta más reciente, es el libro de Susan Cain titulado QUIET. Allí también encontré ideas muy interesantes relacionadas con los talentos, la sensibilidad, la imaginación y la creatividad, generada desde la riqueza del mundo interior.

«De acuerdo al psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, quien entre 1990 y 1995 estudió las vidas de noventa y un personas extraordinariamente creativas en arte, ciencias, negocios y gobierno, muchos de ellos fueron marginados durante la adolescencia, en parte porque una intensa curiosidad y un interés enfocado parecían raros para sus pares.»

De este modo, he podido conectar dos ideas que me parecen relevantes:

  1. La conexión emocional es esencial para el trabajo con la imaginación. Esta nos implica por entero, nos produce sensaciones y despierta nuestra comprensión.
  2. El proceso de abordar nuestras imágenes y nuestra facultad creativa requiere de tiempo a solas, de mirar hacia dentro.

Creo que solamente en una fase posterior se puede compartir con otros lo que se genera en ese proceso, para percibir las resonancias que va generando la propia búsqueda y sus hallazgos.

El reconocimiento del mundo interior y la relación con otros en el afuera, facilitará la elaboración de las propias experiencias y la generación de imágenes transformadoras y significativas.

Es por ello que considero tan esencial el abordaje de la imaginación y la creatividad en nuestras vidas.