Autor: Markel R. Méndez H.

Metodología, Perspectivas

¿Vivimos siguiendo un guión?


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La «Conserva Cultural» o la repetición sin conexión, vacía de contenido y reduce el impacto de nuestros actos

En un momento de transición profesional, siento como un movimiento natural volver la mirada hacia mis reflexiones iniciales, aquellas ideas que marcaron mi interés por el desarrollo humano y los procesos de cambio social y del comportamiento.

Uno de los puntos de referencia que me sigue acompañando es la premisa sobre la cual elaboré mi tesis de maestría en el año 2010: el desarrollo (tanto personal como social) es una narrativa, una experiencia subjetiva habitada por imaginarios. No puede entenderse solo como un indicador externo o un objetivo a alcanzar, sino como un proceso de significación humana.

“El desarrollo es una imagen, una representación social que se construye en la intersubjetividad de los actores” (Méndez, 2010).

Mitos e historias que influyen nuestras prácticas

Como candidato a psicoanalista y consultor, me interesa la intersección donde la psique, la cultura y las normas sociales se encuentran. Estas dimensiones articulan los mitos y las historias que nos constituyen.

Cuando trabajo con personas o grupos, observo que el «desarrollo» contiene imaginarios tanto universales como particulares. El mito social está entramado al mito familiar y personal. Encarnar nuestras experiencias y recorrer los imaginarios que nos constituyen permite una evolución de la conciencia y la identidad. Es desde aquí donde una persona o una comunidad pueden transformar sus entornos y modificar sus prácticas de manera auténtica.

Del guion al acto creativo

Como si se tratase de una obra teatral, cada grupo social y cada individuo opera bajo “guiones” preestablecidos; escenas que repetimos sin tener plena conciencia de ellas, con la asignación de personajes o roles específicos que a veces nos limitan.

Si no miramos estos “guiones”, si no trabajamos estas historias, tenderemos a repetir incansablemente los mismos comportamientos. Intervenir sobre nuestra realidad para transformarla requiere la suficiente conciencia para salirnos del guion identificado y entrar en un diálogo creativo con las imágenes que lo constituyen. Sin este elemento, cualquier intento de cambio podría ser un cascarón vacío.

La acción vacía y la conserva cultural

Hay un concepto que viene del Psicodrama que explica este aspecto de la “acción vacía”: la Conserva Cultural. Se define como aquello que realizamos por repetición, de manera automática y sin una conexión real.

La Conserva Cultural es una rigidización de la acción que ha perdido espontaneidad y contacto. Se realiza sin comprometer ni cambiar nada. Este es un riesgo presente tanto en el liderazgo institucional como en la vida privada. Trabajamos con datos o planes lógicos que producen un relato impecable, pero que al «rigidizarse» pierden humanidad. Al no encarnar el cambio, este se convierte en algo externo y sin efecto. No nos interpela y, por lo tanto, no nos transforma.

Innovación Basada en la Acción: Una propuesta

Mi propuesta actual invita a una revitalización del acto creativo y de la imaginación como forma de abordar la realidad. Se trata de recuperar la autenticidad y la espontaneidad a través de lo que llamo Innovación Basada en la Acción.

Este enfoque plantea necesidades concretas para quienes buscan un cambio real:

  • Habitar el Laboratorio: Crear espacios donde el cambio sea experimentado antes de ser implementado.
  • Agentes en transformación: La capacidad de ser transformado por el propio proceso de intervención o liderazgo.
  • Exploración simbólica: Posibilitar la mirada profunda a las imágenes y narrativas que constituyen nuestros desafíos actuales.

Hoy, mi compromiso es renovar este modelo. No como una teoría, sino como una práctica situada; un puente entre el rigor de los procesos y la profundidad de la psique humana.

Te invito a dejar atrás la «conserva cultural» de las soluciones prefabricadas. Te invito a habitar el ensayo, a dialogar con tus propios guiones y a recuperar la espontaneidad necesaria para transformar tu realidad. El cambio es un acto creativo que comienza cuando decides, finalmente, entrar en escena.


Insights, Metodología

El Escenario de la Innovación: Un Retorno a la Acción


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Entre 1992 y 1995, siendo estudiante universitario, experimenté una profunda transformación personal y aprendí sobre la fuerza del teatro para impulsar cambios individuales y colectivos a través de la imaginación, la creatividad y la acción. Esta vivencia me llevó a constatar, de primera mano, el impacto que tiene la comunicación, el diálogo y el trabajo colaborativo para impulsar movimientos que resulten en un aumento de la resiliencia de las personas y las comunidades.

Esta profunda convicción me llevó a tomar el riesgo de irme de la ciudad, con 22 años, en un acto que inauguró más de una década de trabajo voluntario con jóvenes en comunidades rurales y urbanas con un limitado acceso a servicios y condiciones de vida desafiantes. Durante 1996, acompañé a jóvenes y adolescentes en la entrada a su proceso creativo, en la redefinición de su identidad y en la exploración de sus preocupaciones para desafiar al contexto a través de la acción escénica. El teatro se reveló como una herramienta de cambio individual y social.

Esto abrió un universo de posibilidades y constituyó para mí una oportunidad significativa de aprendizaje y crecimiento. Durante este período pude constatar el intenso interés de niñas y niños por aprender a leer para poder representar a sus personajes y comprender mejor los diálogos; presencié conversaciones difíciles practicadas de manera segura sobre el escenario, en la apuesta de adolescentes y jóvenes por ser escuchados y transformar sus entornos; vi comunidades enteras darse cita en la plaza central del pueblo para presenciar historias que abrían nuevas posibilidades.

Así fue como se constituyó en mi perspectiva este laboratorio teatral. Aunque estas comunidades tenían en aquellos tiempos muy limitado acceso a cualquier medio de comunicación o tecnología, utilizaron el escenario para explorar (representar, dramatizar) sus realidades e inquietudes, para ensayar soluciones e innovar, fortaleciendo así la resiliencia colectiva. Pude constatar con claridad la idea de que las transformaciones, trátese de una comunidad o de una organización, requieren de procesos de innovación que impliquen a las personas en todas sus dimensiones, yendo más allá del entendimiento intelectual para entrar en la acción creativa con compromiso.

Desde esa iniciación en el teatro universitario y en escenarios comunitarios, mi camino me ha llevado a completar décadas de trabajo estratégico en Comunicación para el Desarrollo (C4D) y en Cambio Social y del Comportamiento (SBC). Aquel descubrimiento y los valores asociados se mantienen intactos.

En los 12 años más recientes, he tenido la oportunidad de expandir este abordaje, no sin sus desafíos, a través del trabajo en organismos internacionales con presencia en América Latina y el Caribe. Esto me ha permitido confirmar que los sistemas más complejos requieren liderazgos y personas conscientes, encarnando sus propias misiones como fundamento para la acción.

Mi reflexión actual me lleva a confirmar la necesidad de integrar los abordajes técnicos con los procesos imaginativos y creativos que establecen un compromiso completo en las personas y les habilitan para transformar su propia realidad. Por otro lado, incluso en el rol del experto o especialista técnico, se requiere el respiro de reconectar con la intención personal y la particular necesidad creativa, lo que constituye el fundamento de un liderazgo de mayor impacto. Como señala el Informe sobre Desarrollo (2015) del Banco Mundial, los modeos mentales y las normas sociales dictan nuestras decisiones mucho más que la lógica pura; por ello, el liderazgo requiere reconectar con esos marcos internos antes de intentar transformar los externos.

En este recorrido, no son pocas las oportunidades en que he sentido, en mí y en otros, la carga asociada a la “máscara del experto”, lo que en ocasiones puede limitar un abordaje y una acción de mayor impacto transformador frente a un desafío social. Todo proceso de transformación que intentamos impulsar afuera trae consigo el desafío de nuevas perspectivas y acciones significativas desde adentro. Es de esta reflexión que surge la propuesta de integrar las dimensiones individuales y sistémicas del cambio, la intención de incorporar al diseño del comportamiento la potencial vivencial del Psicodrama (no solamente como conjunto de herramientas sino como marco filosófico y técnico) y de los procesos imaginativos y creativos de la Arteterapia Analítica.

La complejidad de esta operación surge al plantearnos que todos los códigos construidos social e institucionalmente son imaginarios, constituyendo un entorno habitado por personas que juegan determinados roles y articulan un lenguaje, lo que necesariamente necesita el entendimiento lógico y el análisis riguroso, pero sobre todo el ensayo y la exploración activa de la innovación. Diversos estudios sobre Cambio Social y de Comportamiento (SBC) confirman que el aprendizaje basado en la experiencia y la «práctica deliberada» son los motores más efectivos para desplazar normas sociales arraigadas.

Hoy entiendo que no existe una frontera real entre el cambio sistémico y el proceso individual. Una organización o institución (el sistema) que desea innovar solo puede hacerlo si las personas que la integran recuperan su capacidad de asombro y acción (el individuo). Mi propuesta para este 2026 es trabajar en esa intersección: facilitando espacios donde el rigor técnico del diseño del comportamiento se encuentre con la potencia de la práctica experiencial. Se trata de pasar del «análisis del cambio» al «ensayo del cambio», permitiendo que tanto quien ocupa el rol de liderazgo como la organización habiten su verdad más auténtica, para generar un impacto social que sea, finalmente, sostenible y profundamente humano.

Coaching Analítico

Conectar con el Propósito: una propuesta exploratoria


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No es difícil reconocer que estamos constantemente rodeados de ruido, presionados por expectativas externas y múltiples narrativas que se imponen en el ámbito colectivo. En este escenario, existe el riesgo de perder la dirección, de encontrarse con una imposibilidad para reconocer el sentido de lo que hacemos en la conexión con nuestro propósito o llamado.

He reconocido este fenómeno en mi trabajo en el área de la innovación social y en el trabajo con individuos y grupos a través del psicodrama y técnicas de la arteterapia.

Creo que esto es un aspecto tan esencial, muchas veces malentendido y abordado con ligereza, que he decidido compartir un conjunto de reflexiones y un ejercicio de exploración para este autodescubrimiento.

¿Qué es realmente el «llamado»?

El «llamado» se diferencia de los objetivos y las metas convencionales. Mientras que las metas suelen ser externas y cuantificables, el llamado:

  • Representa una profunda conexión con lo que nos inspira y nos llama.
  • Revela nuestro propósito y motivación más auténticos.
  • No depende de la fuerza de voluntad, sino que surge como un impulso articulado, una fuente constante que inspira a la acción y enciende la imaginación y la creatividad.

La vía para conocer o conectar con este «llamado», es aprender a escuchar y esperar lo que nos «habla» desde un ámbito interior profundo. Este proceso de percepción es lo que nos habilita para articular un propósito.

El desafío del ruido externo

Uno de los mayores obstáculos para escuchar nuestra voz interior es la influencia de discursos y aspiraciones colectivas. Las distracciones y las presiones externas actúan como un ruido que nos aleja de nuestro verdadero camino. Consideremos, por ejemplo, el bombardeo constante de formas establecidos y repetitivas a través de las redes sociales, donde se pierde la particularidad y autenticidad.

Para conectar con el llamado, es necesario filtrar ese ruido y enfocarse en las imágenes y símbolos que nos habitan, los cuales funcionan como poderosos puentes entre lo personal y lo colectivo.


Ejercicio de Indagación Apreciativa

​Te invito a realizar un pequeño ejercicio de reflexión sobre tu propósito personal:

  1. Escribe una pregunta que te ayude a explorar tu llamado desde una postura receptiva.
    • En este ejercicio la pregunta no está predeterminada, porque depende específicamente lo que quieras mirar o en lo que decides poner tu atención. Crea esta pregunta pensando en aquello que quieres indagar o buscar, este es un primer paso hacia la claridad sobre el llamado personal.
  2. Escribe sin juzgar ni pensar demasiado; solo deja fluir tus ideas.
    • Más que pensar en el acto de escribir, enfócate en el proceso de escuchar. Deja que las ideas fluyan con libertad, sin intentar predeterminarlas. Imagina que alguien más está dictándote las palabras, un «otro» que va respondiendo a la pregunta que has planteado.
  3. Identifica ideas resonantes: Revisa lo que escribiste y marca aquello que más resuene contigo, incluso si las ideas parecen contradictorias.


Imagina y Planifica

El descubrimiento no termina en la reflexión; debe pasar a la acción.

El siguiente paso sería imaginar una vida en la que los elementos que han aparecido en tu texto, las ideas que emergieron alrededor de la pregunta que te planteaste, están más presentes en tu vida.

Verás cómo lo que parecía una aspiración personal (conectar con un propósito o llamado) es ya una realidad presente en tu vida. Empezarás a identificar, seguramente, elementos de ese propósito en el pasado y podrás entonces proyectarlos con más fuerza hacia el futuro.

Cada propósito es único, cada llamado tiene múltiples y numerosas formas de manifestarse. Tú ya tendrás tus habituales o naturales, que se redimensionan al articularse con este sentido más profundo.


Lleva esta exploración al siguiente nivel

​Si sientes que es el momento de profundizar, te invito a participar en mi taller online «Explora tu llamado».

  • ¿En qué consiste? 12 sesiones online de 90 minutos.
  • Metodología: Utilizamos técnicas de psicodrama y creatividad en acción para explorar sueños y proyectos en un ambiente de apoyo compartido.
  • Objetivo: Fomentar la espontaneidad y la conexión con tu verdad interior.

Escríbeme a markel@thekeycalling.org


Coaching Analítico

Encontrar el propósito en lo pequeño y en el ser esencial


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Vivimos en una época que padece una embriaguez por la escala. Se nos exige crecer, expandirnos, ocupar cada vez más espacio, en una carrera sin límites. Pareciera que el valor de una vida o de un proyecto se mide únicamente por su capacidad de ser «grande», masivo, visible y ruidoso. Sin embargo, en esta lucha por la grandeza, que a menudo es ilusoria, corremos el riesgo de perder de vista lo sagrado en nosotros: la paz y estabilidad inherente al ser, sin las presiones de una expansión infinita.

En palabras del monje trapense, teólogo y místico Thomas Merton (1915-1968):

«No podemos alcanzar la grandeza a menos que perdamos todo interés en ser grandes. Porque nuestra propia idea de grandeza es ilusoria, y si le prestamos demasiada atención nos veremos atraídos fuera de la paz y la estabilidad del ser, y buscaremos vivir en un mito que hemos creado para nosotros mismos». (Nuevas Semillas de Contemplación, 1961).

Allí está expresada la paradoja que agrieta los cimientos de nuestra ambición moderna. El excesivo énfasis en lo externo, los insostenibles esfuerzos que hacemos para encajar en el mito del éxito que el colectivo ha creado y renueva constamente; esto genera un distanciamiento de nuestra voz única y nuestra guía interior. En el proceso de vivir en una escala que no nos corresponde, nos volvemos extraños para nosotros mismos.

La obsesión por lo externo se establece entonces como lo opuesto al proceso de transformación. El alquimista sabía que para que el material se transformara en oro, necesitaba el vas bene clausum: el recipiente bien sellado, el recipiente hermético donde el alma se destila. No se trata de un espacio infinito, sino de un contenedor pequeño, acotado y protegido, donde el calor puede concentrarse. La transformación no ocurre en la dispersión, sino en la contención. En lo pequeño, la energía no se pierde; se refina.

Es en esa «pequeñez», en ese núcleo, ese retorno a lo que somos sin las exageraciones y los adornos de la importancia personal, donde aparece ese Llamado Esencial (Key Calling). Ser pequeño no significa ser insignificante; significa estar concentrado. Significa tener la valentía de reducir el ruido externo para escuchar el movimiento único de nuestra propia esencia. Cuando aceptamos nuestra medida real, cuando dejamos de pretender ser el mapa completo para convertirnos en la brújula, todo lo que hacemos adquiere una dimensión diferente.

El compromiso con lo que es real en nuestro ámbito interior transforma el producto de nuestras acciones. Al final, la fuerza no reside en la escala masiva, sino en la autenticidad del gesto. Hay una grandeza inmensa en el acto de ser nosotros mismos, de habitar nuestro presente sin la presión de la posteridad. Al ser pequeños, nos permitimos ser permeables a la vida, facilitando que aquello que nos trasciende se exprese con libertad a través de nuestra verdadera y auténtica presencia.

Psicodrama

La necesidad de ser escuchados


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Ya son 30 años de trabajo con grupos y comunidades, asistiendo al privilegio de escuchar historias, de compartir experiencias y sobre todo de trabajar para transformar las narrativas de las personas y los colectivos, apostando por la comprensión, la reconciliación y la convivencia pacífica.

El proceso creativo es fundamental porque, algunas veces, puede pasar que en la comunidad ya no se crea en la posibilidad de algo diferente. Tan sobrepasados por los problemas cotidianos, podemos llegar a la certeza de que no hay cambio posible, y la vida se detiene sin la posibilidad de transformación.

Recientemente he vuelto a pasar por una vivencia exigente e intensa de trabajo con grupos, para abordar aquello que nos separa; específicamente: la xenofobia, ese rechazo a la persona extranjera que surge del miedo a lo diferente, del temor a ser afectado por aquello que desconozco.

Ha sido claro, en primer lugar, el entrecruzamiento de la xenofobia con otras formas de discriminación y violencia: el racismo, el clasismo, la violencia basada en género; todo ello se mueve en un complejo de oscuridades que necesita reflexión y sensibilidad. No podemos vivir mejor si estamos divididos y la confrontación con el otro allá afuera es un reflejo de la división interior.

En segundo lugar, ha resaltado en toda la experiencia la necesidad de ser reconocidos y escuchados, de mirarnos y asumir que cada vivencia y expresión es digna de ser considerada y, en cierto sentido, validada. En el trabajo dentro de comunidades estigmatizadas, se desubre un profundo sentido de humanidad y un llamado constante a espacios donde se pueda compartir el propio relato, donde el dolor tiene cabida como una puerta de entrada hacia otra vida posible.

La escucha es la base del encuentro y logra que la persona se abra, no solamente a compartir su relato (en este caso asociado a discriminación, rechazo, desencuentro y hasta violencia) sino a descubrir que está acompañada y que tiene posibilidades para hacer algo diferente, para cambiar las cosas en su entorno inmediato e incluso influir más allá.

Es sorprendente descubrir como el acto de comunicación más básico, que tiene como centro la escucha comprometida, ya produce el fortalecimiento de las propias capacidades. A partir de ello es posible descubrir y crear nuevas narrativas, las que van hacia la colaboración y el respeto.

Con la aplicación de técnicas psicodramáticas y procesos de pedagogía de la comunicación, se producen aprendizajes anclados en la experiencia concreta. Esto lo conduce el grupo participante, porque quienes facilitamos estamos al servicio de sus prioridades, sus ritmos y sus saberes. No se impone la agenda externa, se reconocen las necesidades presentes, para que sean esas otras voces genuinas las que guían las reflexión y sus resultados.

Es importante no subertimar la fuerza de este proceso, que lleva a mirar más profundo para superar separaciones, para reconocer lo humano en cada una de las personas involucradas. Esto es lo que permite el surgimiento del saber, en el movimiento desde las dimensiones individuales a las comunitarias. Este es el relato que hay que reconstruir, el de la valoración de las propias cualidades y la regeneración del contexto, donde ese otro diferente viene a ser un aliado, un compañero de viaje.

Recordemos siempre que el punto de partida es la escucha. Todos necesitamos ser escuchados.

Sueños

Dialogar con los sueños


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Soñar y corporizar: el proceso imaginativo

Los sueños están vivos, son un material dinámico, en constante movimiento. Me acompañan en todo momento, dialogando con mis sensaciones, emociones, pensamientos y acciones. Se transforman en un instante cuando intento recordarlos, o incluso en el momento de experimentarlos.

Las imágenes que aparecen durante la noche, cuando estoy dormido, y las que emergen en vigilia cuando estoy atento, se conectan para traerme preguntas e infinitas posibilidades. El trabajo diario de encontrar allí una narrativa propia se hace tanto exigente como parte de mi naturaleza.

He estado aprendiendo, al pasar de los años, a reconocer el imaginar y el soñar como uno de los elementos más relevantes de mi propia existencia, algo que es inherente a toda la humanidad.

… El hombre produce símbolos inconsciente y espontáneamente en forma de sueños (…) Por regla general, el aspecto inconsciente de cualquier suceso se nos revela en sueños, donde aparece no como pensamiento racional sino como imagen simbólica.

JUNG, Carl G. El Hombre y sus Símbolos. Ediciones Paidós Ibérica S.A. España, 1995.

Todos imaginamos, simbolizamos, creamos. Seres imaginativos y creativos por naturaleza, otorgamos sentido a nuestras vivencias y a todo lo que está en el mundo a través del diálogo subjetivo que nos vincula. Al respirar, estoy recibiendo y entregando aquello que me compone y, en conjunción con otros, creo y soy creado por el universo simbólico que nos contiene, que se expande y cambia continuamente.

Cambia así el modo de percibir, en una multiplicación de significados que nos implica por entero. La imagen es entonces movimiento y emoción, sensación y diálogo, melodía y danza. Así tal vez se va recuperando la vitalidad, el sentido de un camino particular que nos es propuesto transitar, para retornar a una nueva posibilidad del ser esencial.

Así como en la escena (teatral o psicodramática), la exploración de las narrativas, de las personas y los objetos, el abordaje de los sueños también se realiza en relación con las sensaciones que producen, el movimiento que se percibe dentro. Cuando se sigue la pista de alguna vibración, se empieza a crear un espacio para la interacción creativa con el contenido que ha surgido de la imaginación.

La Dra. Leslie Ellis, al referirse a planteamientos de Gendlin, afirma:

Nuestros sueños representan un proceso potencial que está todavía desplegándose y por lo tanto está disponible para la interacción. Los sueños pueden revelar nuestros procesos internos en la medida en que se desenvuelven, lo cual permite que nuestra consciencia participe de ello. Por esto, los sueños representan grandes oportunidades. Gendlin escribió que incluso pequeñas adiciones a eventos inconclusos pueden producir grandes y extensas diferencias… Es por eso por lo que eventos inconclusos son, a su propia manera, más memorables y abiertos a la interacción que las experiencias ordinarias.

ELLIS, Leslie. Gendlin’s Unique Contribution to Dreamwork: Embodying Helpful and Contrary Elements to Bring in the New. 2021.

Me conecta y moviliza el hecho de concebir el sueño como algo vivo que está en proceso de elaboración o desenvolvimiento, en lo cual somos convocados a participar. Esto desplaza el proceso de abordaje del sueño hacia lo experiencial y dinámico, asumiendo la indispensable otredad. El material simbólico de los sueños no me pertenece, sino que es parte de «otro» (ámbito, ser, presencia) que me invita a la interacción creativa.

En este proceso de diálogo y relación con el sueño, el otro terapeuta, el otro del inconsciente, es quien posibilita la difícil consideración de lo nuevo, de aquello que nos es desconocido. Esto puede asemejarse al proceso actoral de explorar un contenido (un personaje, un texto, un algo constituido en imagen) que no me es natural o habitual, en el cual requiero ingresar desde el cuerpo psíquico: la experiencia vital integradora.

Por ello quizás no es útil dar a las imágenes una interpretación cerrada, como si se completara algo en el instante en que lo ubico claramente en determinada dimensión y significado, cuando en realidad estos símbolos producen múltiples posibilidades que rodean una narrativa, un conjunto de emociones, experiencias que apuntan a contenidos inconscientes, complejos personales o aspecto de ese otro universal.

Un símbolo representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros. (…) Así es que una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que un significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto inconsciente más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado.

JUNG, Carl G. (1995). El Hombre y sus Símbolos. Educiones Paidós Ibérica S.A. España, 1995.

El sueño se aborda a través de lo inconcluso o lo que está incompleto: el juego imaginativo y creativo que se ancla en el cuerpo, donde anidan sensaciones y emociones. Así, no se interpreta sino que primero se experimenta.

Soñar es parte natural de nuestra corporalidad, un proceso dinámico. Todo lo que hagamos para alinearnos con esta manifestación vital la va a fortalecer. (…) Únicamente encarnando y sintiendo los espacios plenos de recursos nuevos, o corporizando de forma auténtica la experiencia subjetiva de los más extraños elementos, podremos tener acceso a la sensación sentida de aquello que el sueño está trayendo y que nos llevará hacia adelante.

LESLIE, Ellis (2021). Gendlin’s Unique Contribution to Dreamwork: Embodying Helpful and Contrary Elements to Bring in the New. 2021.

Se trata de un proceso imaginativo que nos implica por completo, en una interacción dentro de la cual es imposible no transformarnos. Somos absorbidos y a la vez contenemos esas imágenes, ellas constituyen la otredad inaccesible que sin embargo nos es revelada constantemente.

Habiendo tanto que desconocemos de nosotros mismos, nuestra naturaleza esencial y todo aquello que nos rodea (desde adentro y desde fuera), la imaginación y aquello que emerge a través de los sueños constituyen elementos orgánicos y autónomos que nos ofrecen un saber auténtico y original. Son aspectos fundamentales para nuestra sobrevivencia y desarrollo.

Para abordarlos, trabajar con ellos, fortalecer nuestro vínculo con su dimensión misteriosa, es indispensable la experiencia vital (corporal, física concreta), que incorpora la reflexión, la sensación y la emoción: todo aquello que integra también un artista en su proceso creativo. Todos somos, por supuesto, seres creativos y creadores.

Es el cuerpo el contenedor de todo esto, es allí donde reside la posibilidad orgánica de los sueños y sus imágenes. En la dinámica de exploración, se abren las posibilidades creativas de corporizar el contexto, las presencias, los personajes, los sucesos e incluso de ir más allá en el desarrollo de las escenas presentes, las implícitas y las emergentes. No hay imagen sin cuerpo que la experimente.

Así se manifiesta una aproximación por fases, donde volvemos a entrar en el sueño para experimentarlo en detalle o enfocarnos en un determinado elemento. Así percibimos el movimiento que produce dentro de nosotros, las reacciones físicas y emocionales que evoca. Esto ofrece un territorio tan amplio como preciso para integrar la vivencia y percibir el diálogo que abren sus contenidos.

La exploración no se detiene, porque es un devenir, la forma en que nos desenvolvemos y revelamos progresivamente en la existencia. La facultad (o la experiencia) de soñar e imaginar, es inherente a la existencia humana y tal vez la más importante característica de nuestra especie.

Coaching

Que surjan las posibilidades


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En julio de 2018 estaba todavía en el proceso de formación en Coaching, en la International School for Coaching and Human Development (ISCD). En ese marco me invitaron a realizar una reflexión abierta sobre una de las Maestrías de la International Association of Coaching: Hacer Surgir Posibilidades (aquí puedes ver esa presentación).

El proceso de que surjan posibilidades me parece misterioso, porque desde mi perspectiva es producto de la espontaneidad o, dicho de otro modo, de una chispa creativa. En el proceso de coaching, también en la dinámica psicodramática o arteterapéutica, de pronto miramos las cosas desde otra perspectiva, nos ponemos en un lugar en el cual no habíamos estado antes y observamos con un sentido inédito que nos permite reconocer otros caminos.

Esto se produce gracias a ciertas condiciones: de confianza, de apertura suficiente para permitirnos ver más allá de las limitaciones sentidas a priori. Es decir que, a través de la exploración (del diálogo, de la acción espontánea, del trabajo creativo) superamos barreras que creíamos infranqueables.

Me siento muy cerca de este abordaje porque en mi experiencia no lo veo únicamente como un acto de voluntad, sino como un proceso de conexión con algo esencial dentro de cada uno de nosotros, el descubrimiento de la propia narrativa sostenida desde el interior, repitiéndose en una dinámica que nos atrapa y de la cual podríamos no ser conscientes.

El primer paso es atreverse a realizar algo diferente, aunque sea pequeño en apariencia; es el principio de cualquier experiencia de aprendizaje: dejar que algo nuevo entre o emerja de nuestro sistema. Es importante decirlo así porque no todo contenido novedoso viene del exterior, sino que en realidad se produce como un entrecruzamiento de nuestra búsqueda y el contexto, un diálogo que nos moviliza.

Una palabra, una pregunta que no había sido planteada, un movimiento inesperado del cuerpo (con su respectiva sensación), un dibujo, un poema, todas son puertas de entrada a lo desconocido, al ámbito desde el cual surgen las posibilidades. Cuando ocurre ese destello en una sesión de trabajo, entonces se pueden mirar con mayor claridad las opciones presentes en determinada situación.

El enfoque entonces está en generar las condiciones adecuadas para el acto de atreverse a avanzar en la incertirumbre, un espacio de escucha suficientemente seguro para transgredir las propias creencias con respecto a sí mismo o a determinada situación. Esta sería la vía para una expansión de la conciencia.

Como desafío común está entonces el permitir el silencio generativo, el provocar con preguntas abiertas, el valorar hasta el mínimo atisbo de novedad, la expresión de las propias narrativas hasta en lo más pequeño. Así se va fortaleciendo una voz genuina, la espontaneidad indispensable que generalmente perdemos en el devenir cotidiano, cuando nos volvemos rígidos en determinados roles.

Probar otras formas de estar y de actuar es desafiarnos a ser diferentes, lo que constituye la esencia de nuevas posibilidades. En el experimento de llevar a mi propia vida cada uno de estos planteamientos, lo que ha resaltado es la necesidad de valorar lo presente, de darle un espacio digno a mi particular perspectiva para luego poder desprenderme de creencias limitantes, en un proceso que no podría hacer sino por medio de una profunda introspección, de la reflexión y del acompañamiento.

Estas son las lecciones que han resaltado en mi experiencia:

  • No creer que hacer surgir posibilidades depende únicamente de mí y de mi forma de voluntad.
  • Reconocer una fuerza genuina que desde adentro de nosotros genera posibilidades, si tenemos la adecuada actitud de apertura y escucha.
  • Contar siempre con un apoyo externo dentro del proceso.
  • Llevar un registro de las experiencias y confiar en lo que va evolucionando, fortaleciendo el diálogo interno y la relación con el entorno.
  • Valorar la espontaneidad que permite generar nuevas alternativas, incluso en las pequeñas cosas (o quizás especialmente en ellas).

El ancla es el propio llamado, el camino particular que nos toca transitar, esto es lo que nos facilita establecer un centro, tener una raiz desde la cual abrirnos a lo posible. De otro modo, nos perderíamos en la infinidad de lo factible y nos dispersaríamos hasta no poder concretar nada.


Este es un ejercicio de reflexión libre en torno a las Maestrías de la International Association of Coaching (IAC). También puedes leer sobre otras de ellas: (1) Establecer una relación de confianza; (2) Percibir, afirmar y expandir el potencial del cliente; (3) Escuchar con compromiso; (4) Procesar en el presente; (5) Expresar.(6) Clarificar; (7) Establecer y mantener intenciones claras.

Coaching

Clarificar


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Este texto forma parte de la serie de reflexiones en torno a las Maestrías de la IAC: (1) establecer una relación de confianza; (2) percibir, afirmar y expandir el potencial del cliente; (3) escuchar con compromiso; (4) procesar en el presente; (5) expresar.


Del conjunto de Maestrías de la International Association of Coaching (IAC), la de clarificar es una de las que más me ha impulsado a comprender mis propias dinámicas de desarrollo y de conocimiento de mí, de mi entorno y circunstancia.

En mi experiencia es uno de los procesos que más caracteriza la práctica del coaching, oficio en el cual se hace énfasis en trabajar con lo que está presente y poner todo a la vista, es decir, en la medida posible acompañar al cliente a que sea capaz de disminuir la confusión que muchas veces pueden producir vivencias complejas, tensiones en la toma de decisiones, distorsiones de la percepción, creencias contraproducentes y emociones intensas.

Imagino generalmente el proceso de clarificar como uno de discernimiento, en el cual cada cosa va tomando su lugar. Es posible así establecer algunas distinticiones en función de los objetivos planteados por el cliente, para apoyar su búsqueda particular de sentido.

Podríamos pensar que el acto de clarificar plantea una acción superficial, en la cual se elige esto o aquello, pero esto no refleja lo que realmente implica el proceso (que no la acción única) de clarificar. Precisamente esta maestría podría abordarse como una herramienta que nos apoya a navegar la complejidad y la incertidumbre, a reconocer la duda y las múltiples posibilidades presentes en cada momento de la vida.

Es lo que he experimentado al integrar la maestría de clarificar a mi vida cotidiana. En algunos momentos, ha hecho la diferencia entre la cooperación y el conflicto. Ampliando su alcance, incluso más allá de la práctica del coaching, creo que clarificar apoya en cualquier interacción humana:

  • Cuando tenemos una conversación ¿estamos captando verdaderamente lo que la otra persona nos quiere decir? También vale preguntar ¿está esa otra persona recibiendo realmente lo que nosotros expresamos? El proceso de comunicación es tan dinámico y de múltiples niveles, que se hace indispensable clarificar constantemente: «¿Es esto lo que quieres decir?»
  • En el momento de hacer elecciones en la propia vida, también es necesario clarificar repetidas veces. En el instante previo a la decisión, al momento de tomar una opción determinada, e incluso una vez que ya hemos avanzado por un camino elegido. Esto implica volver a preguntarnos cómo nos sentimos y si queremos mantener esa dirección, o si estamos considerando nuevas posibilidades.

Se trata de un elemento clave de la brújula interna y también de la retroalimentación de otros. Quizás como un reforzamiento de lo que otras maestrías de la IAC nos han planteado, esta exige abrir los sentidos y fortalecer la vinculación con nuestros deseos genuinos para poder establecer una relación dinámica de ubicación en nuestra vida.

¿Estaré avanzando por el camino que quiero? ¿Me estoy acercando a mi meta? ¿Esto que hago apoya mi bienestar? ¿Cómo me siento con respecto a esta experiencia determinada? ¿Cómo está mi relación con estas personas?

Para poder clarificar necesito, además, tener a mano mis aprendizajes, mis experiencias previas, mis capacidades. No necesariamente para trasladarlos al presente sin modificarlos, sino porque funcionan como puntos de referencia incluso en situaciones en las cuáles necesito desarrollar nuevas competencias o transformar mi perspectiva.

En la dinámica del coaching esto se impulsa a través de las preguntas abiertas y el uso de técnicas como el parafraseo y la expresión (cuando el coach comparte lo que percibe). En esos momentos la persona cliente puede percibir «desde afuerta» su propia lógica, el sentido de sus palabras y proposiciones, para avanzar en la estructuración de una narrativa coherente que le permita avanzar en la dirección que propone.

Clarificar es, desde este punto de vista, la llave para crear una historia diferente, la que todos necesitamos en un proceso de adaptación o cambio. Si bien no todo lo que pasa en nuestra vida podremos comprenderlo, es el rol de la conciencia actualizarse constantemente, en su papel de testigo de nuestras experiencias. Crear el propio relato y que tenga sentido para nosotros es indispensable en el proceso de fortalecimiento de la identidad y de la resiliencia, también una base importante para el desarrollo de la creatividad.

Estar en el mundo es un constante proceso de clarificación de todos los elementos que conforman nuestro relato: expectativas, inquietudes, retrasos y avances, cambios inesperados, momentos oscuros, encuentros y desencuentros etc.

De este modo podemos percibir a la persona que somos como unidad, como un ente coherente que interactúa con sus dinámicas interiores y los otros seres a su alrededor, se establece metas y actúa para alcanzarlas. Se trata de un esfuerzo constante por iluminar los rincones oscuros que llevamos todos los seres humanos, mantener encendida una linterna incluso en los momentos de tormenta.