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¿Vivimos siguiendo un guión?


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La «Conserva Cultural» o la repetición sin conexión, vacía de contenido y reduce el impacto de nuestros actos

En un momento de transición profesional, siento como un movimiento natural volver la mirada hacia mis reflexiones iniciales, aquellas ideas que marcaron mi interés por el desarrollo humano y los procesos de cambio social y del comportamiento.

Uno de los puntos de referencia que me sigue acompañando es la premisa sobre la cual elaboré mi tesis de maestría en el año 2010: el desarrollo (tanto personal como social) es una narrativa, una experiencia subjetiva habitada por imaginarios. No puede entenderse solo como un indicador externo o un objetivo a alcanzar, sino como un proceso de significación humana.

“El desarrollo es una imagen, una representación social que se construye en la intersubjetividad de los actores” (Méndez, 2010).

Mitos e historias que influyen nuestras prácticas

Como candidato a psicoanalista y consultor, me interesa la intersección donde la psique, la cultura y las normas sociales se encuentran. Estas dimensiones articulan los mitos y las historias que nos constituyen.

Cuando trabajo con personas o grupos, observo que el «desarrollo» contiene imaginarios tanto universales como particulares. El mito social está entramado al mito familiar y personal. Encarnar nuestras experiencias y recorrer los imaginarios que nos constituyen permite una evolución de la conciencia y la identidad. Es desde aquí donde una persona o una comunidad pueden transformar sus entornos y modificar sus prácticas de manera auténtica.

Del guion al acto creativo

Como si se tratase de una obra teatral, cada grupo social y cada individuo opera bajo “guiones” preestablecidos; escenas que repetimos sin tener plena conciencia de ellas, con la asignación de personajes o roles específicos que a veces nos limitan.

Si no miramos estos “guiones”, si no trabajamos estas historias, tenderemos a repetir incansablemente los mismos comportamientos. Intervenir sobre nuestra realidad para transformarla requiere la suficiente conciencia para salirnos del guion identificado y entrar en un diálogo creativo con las imágenes que lo constituyen. Sin este elemento, cualquier intento de cambio podría ser un cascarón vacío.

La acción vacía y la conserva cultural

Hay un concepto que viene del Psicodrama que explica este aspecto de la “acción vacía”: la Conserva Cultural. Se define como aquello que realizamos por repetición, de manera automática y sin una conexión real.

La Conserva Cultural es una rigidización de la acción que ha perdido espontaneidad y contacto. Se realiza sin comprometer ni cambiar nada. Este es un riesgo presente tanto en el liderazgo institucional como en la vida privada. Trabajamos con datos o planes lógicos que producen un relato impecable, pero que al «rigidizarse» pierden humanidad. Al no encarnar el cambio, este se convierte en algo externo y sin efecto. No nos interpela y, por lo tanto, no nos transforma.

Innovación Basada en la Acción: Una propuesta

Mi propuesta actual invita a una revitalización del acto creativo y de la imaginación como forma de abordar la realidad. Se trata de recuperar la autenticidad y la espontaneidad a través de lo que llamo Innovación Basada en la Acción.

Este enfoque plantea necesidades concretas para quienes buscan un cambio real:

  • Habitar el Laboratorio: Crear espacios donde el cambio sea experimentado antes de ser implementado.
  • Agentes en transformación: La capacidad de ser transformado por el propio proceso de intervención o liderazgo.
  • Exploración simbólica: Posibilitar la mirada profunda a las imágenes y narrativas que constituyen nuestros desafíos actuales.

Hoy, mi compromiso es renovar este modelo. No como una teoría, sino como una práctica situada; un puente entre el rigor de los procesos y la profundidad de la psique humana.

Te invito a dejar atrás la «conserva cultural» de las soluciones prefabricadas. Te invito a habitar el ensayo, a dialogar con tus propios guiones y a recuperar la espontaneidad necesaria para transformar tu realidad. El cambio es un acto creativo que comienza cuando decides, finalmente, entrar en escena.


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El Escenario de la Innovación: Un Retorno a la Acción


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Entre 1992 y 1995, siendo estudiante universitario, experimenté una profunda transformación personal y aprendí sobre la fuerza del teatro para impulsar cambios individuales y colectivos a través de la imaginación, la creatividad y la acción. Esta vivencia me llevó a constatar, de primera mano, el impacto que tiene la comunicación, el diálogo y el trabajo colaborativo para impulsar movimientos que resulten en un aumento de la resiliencia de las personas y las comunidades.

Esta profunda convicción me llevó a tomar el riesgo de irme de la ciudad, con 22 años, en un acto que inauguró más de una década de trabajo voluntario con jóvenes en comunidades rurales y urbanas con un limitado acceso a servicios y condiciones de vida desafiantes. Durante 1996, acompañé a jóvenes y adolescentes en la entrada a su proceso creativo, en la redefinición de su identidad y en la exploración de sus preocupaciones para desafiar al contexto a través de la acción escénica. El teatro se reveló como una herramienta de cambio individual y social.

Esto abrió un universo de posibilidades y constituyó para mí una oportunidad significativa de aprendizaje y crecimiento. Durante este período pude constatar el intenso interés de niñas y niños por aprender a leer para poder representar a sus personajes y comprender mejor los diálogos; presencié conversaciones difíciles practicadas de manera segura sobre el escenario, en la apuesta de adolescentes y jóvenes por ser escuchados y transformar sus entornos; vi comunidades enteras darse cita en la plaza central del pueblo para presenciar historias que abrían nuevas posibilidades.

Así fue como se constituyó en mi perspectiva este laboratorio teatral. Aunque estas comunidades tenían en aquellos tiempos muy limitado acceso a cualquier medio de comunicación o tecnología, utilizaron el escenario para explorar (representar, dramatizar) sus realidades e inquietudes, para ensayar soluciones e innovar, fortaleciendo así la resiliencia colectiva. Pude constatar con claridad la idea de que las transformaciones, trátese de una comunidad o de una organización, requieren de procesos de innovación que impliquen a las personas en todas sus dimensiones, yendo más allá del entendimiento intelectual para entrar en la acción creativa con compromiso.

Desde esa iniciación en el teatro universitario y en escenarios comunitarios, mi camino me ha llevado a completar décadas de trabajo estratégico en Comunicación para el Desarrollo (C4D) y en Cambio Social y del Comportamiento (SBC). Aquel descubrimiento y los valores asociados se mantienen intactos.

En los 12 años más recientes, he tenido la oportunidad de expandir este abordaje, no sin sus desafíos, a través del trabajo en organismos internacionales con presencia en América Latina y el Caribe. Esto me ha permitido confirmar que los sistemas más complejos requieren liderazgos y personas conscientes, encarnando sus propias misiones como fundamento para la acción.

Mi reflexión actual me lleva a confirmar la necesidad de integrar los abordajes técnicos con los procesos imaginativos y creativos que establecen un compromiso completo en las personas y les habilitan para transformar su propia realidad. Por otro lado, incluso en el rol del experto o especialista técnico, se requiere el respiro de reconectar con la intención personal y la particular necesidad creativa, lo que constituye el fundamento de un liderazgo de mayor impacto. Como señala el Informe sobre Desarrollo (2015) del Banco Mundial, los modeos mentales y las normas sociales dictan nuestras decisiones mucho más que la lógica pura; por ello, el liderazgo requiere reconectar con esos marcos internos antes de intentar transformar los externos.

En este recorrido, no son pocas las oportunidades en que he sentido, en mí y en otros, la carga asociada a la “máscara del experto”, lo que en ocasiones puede limitar un abordaje y una acción de mayor impacto transformador frente a un desafío social. Todo proceso de transformación que intentamos impulsar afuera trae consigo el desafío de nuevas perspectivas y acciones significativas desde adentro. Es de esta reflexión que surge la propuesta de integrar las dimensiones individuales y sistémicas del cambio, la intención de incorporar al diseño del comportamiento la potencial vivencial del Psicodrama (no solamente como conjunto de herramientas sino como marco filosófico y técnico) y de los procesos imaginativos y creativos de la Arteterapia Analítica.

La complejidad de esta operación surge al plantearnos que todos los códigos construidos social e institucionalmente son imaginarios, constituyendo un entorno habitado por personas que juegan determinados roles y articulan un lenguaje, lo que necesariamente necesita el entendimiento lógico y el análisis riguroso, pero sobre todo el ensayo y la exploración activa de la innovación. Diversos estudios sobre Cambio Social y de Comportamiento (SBC) confirman que el aprendizaje basado en la experiencia y la «práctica deliberada» son los motores más efectivos para desplazar normas sociales arraigadas.

Hoy entiendo que no existe una frontera real entre el cambio sistémico y el proceso individual. Una organización o institución (el sistema) que desea innovar solo puede hacerlo si las personas que la integran recuperan su capacidad de asombro y acción (el individuo). Mi propuesta para este 2026 es trabajar en esa intersección: facilitando espacios donde el rigor técnico del diseño del comportamiento se encuentre con la potencia de la práctica experiencial. Se trata de pasar del «análisis del cambio» al «ensayo del cambio», permitiendo que tanto quien ocupa el rol de liderazgo como la organización habiten su verdad más auténtica, para generar un impacto social que sea, finalmente, sostenible y profundamente humano.