Autor: Markel R. Méndez H.

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Escena para el Encuentro y la Reconciliación (Caso Aldeas Infantiles Venezuela)


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Por Markel R. Méndez H. (Director-Fundador de ECreativa)

IMG_0057Cuando compartimos con apertura la propia memoria recuperamos el sentido de comunidad, y recobramos la fuerza de tener un propósito en nuestra vida. Lo pude corroborar hace apenas unas semanas, trabajando con los adolescentes y las madres de Aldeas Infantiles Venezuela.

Para realizar este trabajo me trasladé al estado Zulia, primer día y medio en la Aldea de La Cañada de Urdaneta, luego idéntica jornada en la Aldea de Ciudad Ojeda. El objetivo estaba claro: sensibilizar y conectar a los participantes con sus Planes de Desarrollo Individual, es decir revitalizar la noción de proyectar un futuro posible y trabajar para alcanzarlo.

Los adolescentes que hacen vida en estas Aldeas han perdido el cuidado de sus padres y familias, de modo que esta organización les brinda un entorno seguro y amoroso para crecer y desarrollarse. Las mujeres que los cuidan, cumplen con el rol de Madres a tiempo completo, lo que permite el desarrollo de vínculos y la recuperación de la experiencia vital de ser protegidos y orientados.

El propósito de las Madres en Aldeas Infantiles Venezuela es atender y criar a los niños, niñas y adolescentes que han llegado; los jóvenes por su parte tienen la oportunidad de conducir su vida hacia un futuro mejor, partiendo de la comprensión de su situación y proyectando nuevas posibilidades para la realización personal.

Uno de los procesos que se impulsan en las Aldeas, es que tanto Madres como Adolescentes creen un «Plan de Desarrollo Individual» (PDI), actualizado cada año, para identificar metas y vías posible para alcanzarlas. Desde un punto de vista amplio, se les invita a soñar y visualizar en camino para mejorar personalmente y realizar objetivos concretos en sus estudios, actividades extracurriculares y potencial trabajo al momento de independizarse.

Para esto es necesario creer que es posible tomar decisiones sobre la propia vida, conducir el particular destino en cierta medida, comprender en definitiva que las elecciones que hacemos y las acciones que realizamos tienen un impacto significativo en nuestro futuro. En el presente puedo transformar lo que vendrá.

Desde mi punto de vista también es indispensable la reconciliación con el pasado, el perdón por las circunstancias que viví y la movilización hacia un lugar de aceptación con el ahora, para poder establecer bases que nos permitan perfilar un mañana de oportunidades.

Así que en esta oportunidad llegué a las Aldeas para explorar lo que cada uno de los Jóvenes y de las Madres sienten con respecto a sí mismos, lo que visualizan como proyección hacia el futuro posible. Mi intención fue desde el inicio escuchar sus voces y reforzar la particularidad de necesidades y deseos de cada uno, siempre como posible realización.

 

El trabajo con los Adolescentes

ImagenMe encontré con dos grupos de 40 jóvenes entre 14 y 18 años. Realicé una propuesta idéntica en cada caso, comenzando con una pregunta abierta acerca de si tenían conciencia de su capacidad para decidir su propia vida, establecer una ruta de acción hacia un futuro imaginado y posible. En general todos reaccionaron como si se tratara de una reflexión nueva, y enfocados más en las limitaciones de cada caso, todo lo que no es posible hacer o lo que puede obstaculizar el logro de sus objetivos.

Pero el proceso creativo exige que cuando visualicemos no limitemos, así que volví sobre la misma pregunta pidiéndoles que imaginaran cualquier posibilidad con la que se sintieran conectados: ¿qué quieres para tu futuro? ¿cuál es la experiencia que deseas tener? ¿cómo te gustaría llevar tu vida? ¿en qué oficio o profesión?

Rápidamente se entregaron al ejercicio, porque los jóvenes tienen esa energía creadora a flor de piel. Rápidamente empezaron aIMG_0087 surgir imágenes, posibilidades, proyectos. La energía constructiva de unos pocos empezó a contagiar a los demás, y una vez que este caldeamiento grupal hubo ocurrido nos pusimos en la tarea de improvisar escenas. Uno tras otro pasaron a un escenario demarcado en una de las paredes del salón para representar sus visiones: aparecieron oficios, profesiones, aparecieron encuentros con viejos amigos adelantándonos 20 años al presente, se realizaron promesas de apoyo mutuo, se generaron sonrisas y esparcieron sensaciones de orgullo por lo logrado. Así se comprendió, porque se experimentó, que todo eso era posible.
Finalmente aparecieron los consejos, pero no los que yo como facilitador iba a dar a un grupo de adolescentes, tampoco los que suele ofrecerles día a día el Asesor Juvenil o la Trabajadora Social, sino los que ellos mismos, desde su posición, podían ofrecerse unos a otros. Así se reconocieron como válidas sus voces y sus perspectivas, así también entendieron que tienen su propia brújula interior y que depende de ellos mantenerse en el camino que han trazado para sí, o perderse en desvíos vanos.

Todo esto ha sido una primera etapa de trabajo con estos muchachos que tienen todo para forjarse un buen destino.

 

El trabajo con las Madres

Con las madres, unas 20 en cada Aldea, trabajé más la identidad y la memoria. Así como invité a los adolescentes a proyectarse hacia el futuro, a estas les propuse revisar el pasado.

¿Por qué una mujer cuya edad está entre los 35 y los 45 años en promedio, decide dedicar su vida a cuidar unos niños que no son los propios? ¿Cómo sienten su propia vida en esta circunstancia? Fuimos reflexionando sobre estos aspectos en las conversaciones iniciales.

IMG_0041La mayoría de ellas vienen de sus propias desgarraduras. En su pasado, a veces en la infancia, a veces en la juventud, se albergan duros conflictos, situaciones de ruptura, eventos que cambiaron para siempre la concepción que tenían de sí misma o de sus seres cercanos. Circunstancias que no estaban bajo su control las llevaron a recibir las consecuencias de malas decisiones tomadas en su entorno, o a generar ellas mismas opciones de vida que no fueron las mejores vistas ahora en la distancia.

De esas heridas emergió el amor y la entrega que ahora son capaces de ofrecer a los niños, niñas y adolescentes en las Aldeas. De allí también la fuerza para levantarse cada mañana y comprender la misión que les ha tocado cumplir, su valor y trascendencia.

Este planteamiento nos llevó a la improvisación escénica: todas las situaciones representadas, todos los roles generados, nos llevaron a la reconciliación con el ayer, el perdón e incluso la risa. Muchas de ellas retornaron a su infancia para recordar los juegos que disfrutaban, otras viajaron a su adolescencia y revivieron la primera amistad, el primer amor, los atrevimientos iniciales.

Apuesto a que esta experiencia los acerca a lo que están viviendo los adolescentes a su cargo, y facilitará el diálogo para construir hoy el mañana próspero y pleno que todos deseamos y esperamos.

 

Escena para el Encuentro y la Reconciliación

Fue una gran oportunidad la que tuve de experimentar este proceso de encuentro y reconciliación. Fue la escena, específicamente las técnicas del psicodrama (Juego de Roles, Improvisación Escénica) las que me permitieron esta aproximación. Todo fue compartir, escuchar y crear, con libertad, dejando a un lado los prejuicios, liberados de expectativas.

Esto siempre me devuelve la fe en el elemento humano, y en la posibilidad de los procesos de comunicación cara a cara, la dinámica del grupo que revitaliza también lo individual y sobre todo la posibilidad creativa que todos tenemos, que puede tener un alto y positivo impacto en nuestra propia vida.

Esto ha ocurrido en la Venezuela de hoy (Febrero 2014), donde todavía hay espacio para el encuentro.

Métodos de Acción

Psicodrama y Cambio


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Hace pocos días tuve la oportunidad de facilitar sesiones de trabajo en las que integré técnicas del Psicodrama, en el abordaje de un conjunto de madres y de adolescentes que se plantean el desafío de pensar sobre su futuro.

Madres La CañadaLas madres se encuentran frente a la presión de ofrecer a sus muchachos guía y dirección para que se aseguren un mejor futuro del que ellas mismas han tenido; los adolescentes enfrentan la incertidumbre de no saber realmente qué quieren desarrollar en sus vidas, en una realidad que perciben como limitada en opciones para su crecimiento personal y profesional.

Así nos encontramos, para empezar, con muchos obstáculos que superar:

  • El pasado de esas mujeres determina su presente. Habiendo vivido múltiples carencias a lo largo de sus vidas, muchas de ellas no pudieron realizar estudios formales, algunas apenas saben leer o escribir, y sólo les quedan sus valores y el amor por sus hijos.
  • El entorno es limitado, no hay realmente muchas opciones por distintos motivos: gran distancia de las capitales del país por ubicación geográfica, escasos recursos económicos para sostener alternativas de estudio, en algunos casos mala base recibida en la educación básica y media.
  • Gran parte de los adolescentes deben encontrar formas de sustento lo más pronto posible, de modo que muchos de ellos van a salir a trabajar para poder subsistir y dejarán de lado cualquier posibilidad de estudio o desarrollo profesional.

El panorama, como vemos, es bastante desalentador. Visto en términos generales pareciera que difícilmente las cosas van a cambiar o a mejorar para estas familias, y que sus dudas con respecto a un mejor futuro están buen fundamentadas, sobre la base de unas limitaciones reales difíciles de superar.

Jóvenes La CañadaSin embargo, ya que estamos allí reunidos para abordar el tema del «futuro», o deberíamos decir mejor del «porvenir», quizás existan posibilidades que todavía no hemos valorado en su justa medida. Por otra parte la técnica del Psicodrama ofrece oportunidades para recrear la realidad, transformar nuestra percepción y reconducir nuestras acciones.

He aquí los caminos que nos ofrece esta perspectiva ante la situación planteada. De hecho, así pude conducir las sesiones de trabajo tanto con las madres, como con sus hijos adolescentes.

  1. Revisemos nuestra percepción del pasado. Hoy estamos en un lugar y en una posición que nos permite reflexionar sobre lo ocurrido en el ayer y plantearnos alternativas para el mañana, este es el instante en el cual todo se concentra y es posible realizar cambios en cualquier dirección. Busquemos entonces aquellos hechos que nos han traído hasta aquí, a través de un conjunto de circunstancias difíciles a las cuales hemos sobrevivido, retos que hemos superado. Empezamos así a entender que ese pasado no es total y únicamente de un color, sino que tiene matices, situaciones contraproducentes y otras propicias para nuestro desarrollo; personas que nos hicieron daño y otras que nos salvaron, cuidaron y alentaron. Hay mucha sabiduría en una vida recorrida de este modo. Los valores generados son los que permiten a las madres hacerse las preguntas que están hoy planteándoles a sus hijos.
  2. El psicodrama permite percibir y reinterpretar los eventos del pasado a través de la acción escénica. Traer presentes esas situaciones y sus protagonistas, es una oportunidad para cambiar la perspectiva, para completar conversaciones pendientes, cerrar sucesos que dejaron emociones abiertas, experimentar cómo hoy podemos reinterpretar los acontecimientos. Todo esto es vivido internamente como absolutamente real, de modo que se produce la vivencia de un viaje en el tiempo para equilibrar los hechos y actualizar la visión y las emociones, de modo que se produzca un impulso y no una limitación.
  3. Revisemos además nuestra percepción del presente. ¿Qué pasaría si improvisáramos escenas en torno a cualquier opción, no importa cuán descabellada parezca ser inicialmente? Entonces empiezan a surgir posibilidades, porque la creatividad hace su aparición con toda su fuerza y, como estamos jugando en la escena, no se producen bloqueos de opciones antes de experimentarlas. Entonces los adolescentes prueban ser profesionales, se sienten en distintos roles que ellos reconocen como «de éxito», ensayan graduarse de la Universidad como licenciados o como Técnicos Universitarios, y a partir de esa vivencia comienzan a construir, probando en la acción, rutas alternativas para llegar a esa realidad. Algo dentro de ellos cambia el involucrarse activamente en el uso de su visión y su imaginación, aparece cierto orgullo de ser capaces de superar su circunstancia, identifican opciones que antes no veían: «los bomberos están ofreciendo una formación técnica que puedes hacer mientras trabajan», «la Universidad tiene un pequeño núcleo cerca del pueblo», «si saco el bachillerato por parasistemas me da tiempo de hacer algunos trabajos para ayudar en casa». La acción psicodramática produce cambios que hace posible acciones concretas en lo que llamamos realidad.
  4. Todo se da en el ahora, en el presente mágico e ilimitado que permite comprender la fuerza de la acción, que la creatividad está en la experiencia concreta y que de esta manera podemos percibir las posibilidades reales que tenemos ante cualquier situación. El psicodrama abre la posibilidad de hacer más consciente las opciones que tenemos frente a una situación, tal y como lo planteó su creador Jacobo Levi Moreno (1889-1974): se trata de «ofrecer una respuesta diferente ante circunstancias que se repiten». El núcleo de esta práctica es la creatividad, el acto creador como vía de transformación de la propia vida.

Esta experiencia a la que hago referencia fue desarrollada en dos poblaciones del estado Zulia, en el mes de febrero del año 2014. Pude constatar al facilitar estos procesos, que las técnicas escénicas, especialmente las propias del psicodrama, tienen un gran potencial y altísimo impacto real en las personas. Sostenidas, bien implementadas, pueden librar la capacidad creativa y la fuerza para la acción transformadora de la propia vida en cualquiera.

Es este el tipo de trabajo escénico que quiero seguir desarrollando, este es el sentido más profundo que posee incluso el teatro: el generar la posibilidad de cambio en los seres humanos.

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Comunicación: crear y reinventar


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Grupo

Trabajar sobre las habilidades de liderazgo, desarrollar la capacidad de influir sobre otros, fortalecer al equipo o la comunidad, son algunos de los temas más reiterativos en todo tipo de colectivo, empresa u organización; es también de las cosas que más solicitan las personas al momento de buscar asesorías, procesos de formación, intervenciones o coaching.

En ello hay un conjunto de elementos invisibles, que generalmente tienen fuerza pero que no son mencionados ni abordados porque se perciben como extremadamente amenazantes: son tensiones subjetivas, creencias profundas y reales temores de los involucrados. Trátese de líderes de base, integrantes de grupos comunitarios, gerentes de empresa, directores, ejecutivos, colaboradores o trabajadores, muchos tienen en lo profundo aspectos que contradicen o generan tensión frente a lo que declaran como sus verdaderas intenciones o propuestas.

Esto es muy difícil de trabajar, pues se trata de contenidos que se intentan esconder, consciente o inconscientemente. Es lo que se encuentra en el Área Oculta en primer término, y en el Área Ciega en segundo lugar; todo eso que conocemos de nosotros pero no deseamos que los demás lo perciban, y aquello que quizás los demás perciben pero nosotros no podemos identificar.

Imaginen por un momento lo complejo que es abordar esos contenidos, proponer a un individuo o a un equipo que se atreva a avanzar sobre esos elementos porque es realmente lo único que les permitirá dar un salto en sus procesos de comunicación, y los llevará a ser realmente una organización de alto rendimiento y efectividad, o una colectividad en verdadero trabajo colaborativo. Esta perspectiva y labor suelen percibirse como peligrosas.

Si se trata del Área Oculta, es explícito y claro que ningún individuo quiere revelar lo que allí se encuentra, e invierte gran parte de su energía en que no sean percibidos aquellos elementos que reconoce como faltas, fallas, negatividad, oscuridad. Generalmente allí se encuentran cosas como la mediocridad, la capacidad para mentir, la flojera, el poco compromiso, entre otros aspectos.

Por otra parte, si intentamos abordar el Área Ciega, las resistencias se multiplican, porque hablamos de aspectos que sencillamente no podemos percibir de nosotros mismos. Allí el sujeto puede recibir feedback de sus compañeros, pares o supervisores, y en general no va a aceptar esa percepción como cierta, por el contrario buscará una y otra vez, y las encontrará, explicaciones válidas en las que todo es producido por factores externos y nunca por una característica o comportamiento propio.

¿Cómo entonces podemos trabajar con estos contenidos? ¿Cómo transitar hacia estas áreas? La respuesta por lo pronto me parece que es: sigilosamente y de manera indirecta. Lo primero a considerar es que no se trata de exponer abiertamente estos temas ante todo el equipo, no hablamos de poner en evidencia; paradójicamente, debemos cuidarnos mucho de proponer esto como una vía para resolver algo, como si se trata de identificar un problema y solucionarlo. Toda esta lógica hay que dejarla a un lado.

Se trata más bien de flexibilizar y abrir posibilidades de acción diferentes, además de espacios de reflexión innovadores. Nosotros Creandoproponemos dos vías concretas: contarnos historias y jugar escénicamente con distintos roles. Sí, así es, nuestra apuesta es a jugar para aprender nuevas pautas de comportamiento, y pensar en la acción que tipo de guión estamos poniendo en nuestro devenir personal y profesional.

Los conocedores ya habrán reconocido aquí un enfoque que se conecta con el AT (Análisis Transaccional) y con el Psicodrama, y es que efectivamente allí se basa, para la aplicación de técnicas concretas que permiten distinguir los distintos tipos de roles en juego, las escenas que repiten una misma historia que a veces está estancada en algo contraproducente o negativo, y el reconocimiento de la dinámica interna que da como resultado tal o cual conducta.

Pero pensemos esto solamente, porque eso es lo que es, como una dinámica de contarnos historias, compartir nuestras imágenes de lo que hacemos y practicar escenas para mirar, en un tiempo específicamente dedicado para ello, la forma en que está funcionando un equipo y el modo en que se relacionan las personas y sus roles en el devenir de la comunidad u organización. Este es un tiempo para abonar a la creatividad, a la flexibilidad y al aprendizaje compartido.

Proponemos el cuento, la historia, la creación de personajes, el juego escénico, la creatividad activa, como vías para avanzar y realmente generar un movimiento genuino y constructivo en quienes conforman una comunidad, grupo, empresa o institución. De eso se trata nuestro trabajo actual y es la apuesta definitiva que venimos haciendo.

La invitación constante es a abrir espacios para desarrollar todos los aspectos relativos a la comunicación humana: cantar, tocar un instrumento, bailar, interpretar o actuar, escribir y crear, pintar; no se trata solamente de habilidades técnicas, sino de aquello que es esencialmente humano y que necesitamos re-vigorizar con urgencia. Es nuestro derecho a crear y, al hacerlo, transformar el mundo en que vivimos, en la escala en que nos sea posible, pero siempre en un proceso de continua reinvención.

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Comunicación: una dinámica de percepción


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IMG00118-20120204-1405Hay tantos elementos subjetivos que abordar  en el Arte de la Comunicación Presencial y la Oratoria, que no puedo hacer otra cosa que aproximarme a ellos instintivamente. Ha resultado sumamente interesante  y enriquecedor  el concebir  gran parte de mi trabajo como un proceso de percepción, uno que requiere altos niveles de apertura  y una suspensión de los prejuicios.

Progresivamente, a lo largo de estos 10 años de ejercicio profesional, he venido comprendiendo que no hay algo que pueda considerarse como bueno o malo a priori cuando se trata de los modos de expresión de una persona o sus formas de comunicación. Hay otra aproximación que resulta muy útil: todo depende de lo que quiera lograrse en la audiencia. Partiendo de esta idea, cualquier elemento puede ser apropiado o inapropiado.

Se acostumbra a trabajar sobre el orador y sus habilidades técnicas considerando audiencia, contexto y circunstancia, y esto lo considero adecuado y necesario. Pero muy a menudo se olvida que ello apunta más a la flexibilidad y capacidad de adaptación del Comunicador u Orador que de un análisis exhaustivo sobre el público y lo que rodea a la presentación. Abordar los aspectos de Audiencia, Contexto y Circunstancia es más, y he aquí el énfasis, un acto de percepción y escucha para la acción que un proceso de recolección y análisis de datos.

Por eso para mí es fundamental trabajar perceptiva e intuitivamente, y enfocarme en el desarrollo de la espontaneidad y creatividad del Orador. Ello requiere de máximo compromiso, conciencia de la intención y del propósito comunicativo, además de conexión con el propio instrumental expresivo.

He allí un camino profundo y fértil de trabajo e investigación en el campo de la Comunicación Humana. Este es nuestro camino.

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Comunicación: comenzar desde lo esencial


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expresion-oralLos temas básicos del proceso de Comunicación Humana, son centrales al momento de trabajar sobre las propias habilidades expresivas y de interacción con otros. Se trata de nociones esenciales que, de ser bien abordadas, nos abren la posibilidad de un proceso para toda la vida en este campo tan relevante.

Propongo iniciar pensando en los niveles de Comunicación: Intrapersonal, Interpersonal, Grupal y Masiva. Cada uno de ellos requiere de un entrenamiento diferente, posibilidades distintas de abordaje de nuestras posibilidades expresivas y nuestra capacidad para comunicarnos.
Para los primeros niveles, lo esencial es la conexión y la escucha, la capacidad para percibir. En los niveles posteriores, la emisión, la habilidad de transmitir, se hace cada vez más central y exigente.
Sin embargo, sin la capacidad de percibir, y al pensar en lo intrapersonal nos referimos a escucharnos internamente, no es posible emitir con sentido, se hace sumamente difícil hacer llegar nuestro mensaje a cualquier audiencia, no digamos siquiera articularlo con coherencia.
Por eso planteo una y otra vez en mi trabajo sobre la Comunicación Humana que debemos iniciar con el proceso de clarificar el modo en que nos comunicamos con nosotros mismos, y la identificación de aquello que nos motiva o nos lleva a querer expresarnos en cualquier nivel que nos estemos planteando.
Hay mucha responsabilidad, porque en cada interacción con otros, trátese de una clase en la universidad si somos docentes, un proceso de negociación para lograr nuevos acuerdos o algún contrato, un diálogo personal con un amigo o la pareja, cualquier encuentro e intercambio es una posibilidad de impacto, influencia y transformación.
Partiendo de esa noción, es imprescindible entender que todo acto de comunicación posee un sentido, y que tenemos la obligación, en cierto modo, de encontrar esa dirección, de darle significación total a nuestro encuentro con otro. Ello ocurre desde desde el fuero interior, desde el momento en que nuestros impulsos, ideas, emociones, motivaciones u otros, se manifiestan adentro y generan la suficiente energía para el acto expresivo.
Por supuesto a ello hay que permitirle una forma adecuada, pero sin esa conexión interna toda la técnica queda flotando en un vacío sin sentido ni fuerza.
La forma: tono de voz adecuado, contacto visual, gesto y manejo corporal, entre otros elementos; resplandece y alcanza altos niveles cuando existe una necesidad genuina de comunicarnos, y tenemos la capacidad de percibirnos en el momento mismo de la interacción con el otro. A partir de nuestra escucha interna seremos más capaces de percibir a los demás, de modo que adaptaremos nuestros mensajes para tener las mayores posibilidades de encuentro y acuerdo.
Lo dicho, un trabajo constante que lleva toda la vida, el de afinar y profundizar la comunicación intrapersonal, y desde allí ir abordando y mejorando la capacidad y los aspectos técnicos de los otros niveles hasta alcanzar aquello que buscamos, la posibilidad de comunicarnos con mayor impacto e influencia.
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Conversaciones Difíciles (2)


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>¿Quién tiene razón?

Sigamos revisando lo referente a las llamadas Conversaciones Difíciles, que generalmente se producen debido a que las personas involucradas están en desacuerdo con respecto a los hechos o a lo que debe hacerse.

En el artículo anterior hicimos referencia a que en cada Conversación Difícil realmente se están desarrollando tres conversaciones: (1) la conversación del qué pasó; (2) la conversación de los sentimientos; (3) y la conversación de la identidad. En cada uno de estos niveles hay claves para transitar de la conversación difícil a una posición más constructiva y con mejores resultados.
El espacio del «qué pasó» es el lugar de las percepciones y el pensamiento, el ámbito más evidente donde se dan nuestras discusiones. Generalmente tenemos una idea de lo que está ocurriendo y de lo que el otro está pensando y sintiendo, le damos a eso un valor particular (emitimos juicios al respecto), y a partir de allí generamos toda la conversación; convencidos por supuesto de que tenemos la razón.
Se da así el siguiente fenómeno: como manejamos información suficiente de lo que está ocurriendo y tenemos una idea clara de lo que le pasa al otro, estamos convencidos de que manejamos la verdad y de que nuestro objetivo en la conversación es lograr hacer ver a los demás esa verdad. En ocasiones hasta nos lamentamos de que puedan estar tan equivocados.
Es así, en nuestras discusiones el problema son los demás. Si tan sólo pudieran ver los hechos con la claridad que nosotros poseemos, se darían cuenta de que es el mejor momento para ahorrar ese dinero, que no es adecuado presentar ese proyecto, que es indispensable cambiar las fechas de entrega, que la calificación colocada en el examen es la justa (o es injusta), que el gobierno está haciendo un desastre con la seguridad social (o lo está haciendo muy bien y las condiciones de vida han mejorado), que es mejor ver esta película y no la otra, o que tal libro es superior a los anteriores. Pero resulta que no es así, que los otros no tienen esa claridad.
Este es el punto de partida para nuestras discusiones todos pensamos que el otro (o los otros) está equivocado. Todavía más, llegamos a estar seguros de que ese otro con quien discutimos es egoísta, ingenuo, controlador, irracional, o alguna otra cosa que descalifica inmediatamente su punto de vista. Por supuesto, es un proceso inmediato: «Rafael no quiere acompañarme a visitar a mi familia, porque es un egoista«; «María insiste en presentar el informe completo del proyecto, porque es una ingenua«; «mi jefe no me permite conducir la modificación de los planos, porque es un controlador«; «mi hermano se resiste a vender su viejo vehículo, porque está loco, es irracional«.
Así lo plantean Douglas Stone, Bruce Patton y Sheila Heen en el libro que estamos revisando (detalles al final de este artículo). Lo que sucede después es, según estos investigadores, prácticamente inevitable: cuando llegamos a estas conclusiones, insistimos en cambiar el punto de vista del otro, pues se convierte en nuestra misión. Debemos hacerlos entrar en razón, liberarlos del yugo de sus defectos, romper con su terquedad, iluminar su corta visión, conducirlos hacia un mejor lugar, que es aquel en el cual nosotros nos encontramos. Como el problema son los otros, somos en cierto sentido superiores a ellos, y esto no es lo peor, sino que los demás piensan del mismo modo con respecto a nosotros, así que el enganche es mutuo.
Ellos son el problema para nosotros. Nosotros somos el problema para ellos. ¡Vaya cosa! He allí porque discutir es de las cosas más inútiles que podemos hacer. No estamos intentando comprender otro punto de vista o ampliar nuestra perspectiva, sino que estamos en una batalla por demostrar que tenemos la razón. Todavía más, nuestra gesta es heroica: curar al otro de su locura momentánea.
Lo cierto es, en este sentido, que discutir nos impide conocer el punto de vista del otro; nos perdemos de comprender lo que le lleva a decidir o actuar de ese modo. Una discusión es generalmente un intercambio de conclusiones, pero detrás de ellas hay un conjunto de experiencias y normas que se convirtieron en un modo, con sentido para cada individuo, de ver la vida y el mundo.
Un primer paso para superar o manejar las Conversaciones Difíciles es mirar detrás de las conclusiones. Si mi hermano no quiere vender su viajo vehículo, por más absurdo que me parezca, detrás de esa decisión hay un conjunto de experiencias, y esas vivencias están organizadas en su subjetividad de forma tal que generaron un modo particular de ver el mundo y sus fenómenos. Quizás ese fue el primer carro que compró con su propio dinero, y nuestro padre tuvo el mismo carro por 25 años, y siempre decía que no tenía sentido cambiarlo si funcionaba bien y se mantenía adecuadamente, y además afirmaba que había que valorar y cuidar lo que se tenía, y todo ello se configuró en la perspectiva de mi hermano como un sistema de creencias en el cual basa sus decisiones actuales.
Lo interesante es que detrás de mis propias conclusiones también se encuentran mis experiencias y mis reglas sobre como vivir. Lo que ocurre con frecuencia es que vamos tomando decisiones sólo a partir de nuestras conclusiones, sin considerar de dónde surgieron, sin analizar cómo hemos llegado a ellas pues muchas veces se configuran de forma orgánica y hasta inconsciente. Esto por supuesto tiene un sentido, pues nos permite ahorrar energía y utilizar más efectivamente nuestras experiencias pasadas para decidir en el presente; sin embargo, si somos capaces de reconocer lo que hay detrás de nuestras conclusiones (e indagar sobre las conclusiones de los demás), es posible desplazar la discusión y abrirnos a comprender diferentes perspectivas.
Poseemos distinta información, nuestra percepción privilegia datos diferentes, hacemos nuestras propias interpretaciones de los hechos, construimos reglas a partir de esas interpretaciones y con eso salimos al mundo a interactuar y relacionarnos con personas que han hecho las mismas operaciones llegando a conclusiones a veces opuestas a las nuestras. ¿No es interesante este fenómeno?
Pues verlo como algo interesante y merecedor de estudio es la propuesta que se nos hace en el libro «Conversaciones Difíciles». Un primer paso para abordar de manera eficiente nuestras discusiones es utilizar nuestra curiosidad e indagar sobre por qué el otro ha llegado a esa conclusión o decisión, e intentar también comprender por qué nosotros hemos llegado a las nuestras (a veces no estamos conscientes de ello). Quizás de este modo podamos ampliar la perspectiva y finalmente cooperar buscando la mejor opción a tomar frente a la situación que se nos presenta.
Esto representa un ejercicio desafiante, porque además nuestra versión de los hechos generalmente refleja nuestros propios intereses. Sin embargo en el largo plazo es muy probable que lograr cooperar con ese otro (pareja, familia, compañeros de trabajo) sea mucho más productivo y apoye mejor nuestros intereses que la oposición constante.
Ampliar la perspectiva, de eso se trata. Comprender cómo elaboramos nuestras conclusiones y abrirnos a escuchar (indagar, ser curiosos) como el otro ha constituido las suyas. Trasladar la conversación desde una pugna de conclusiones, a una revisión de los datos y las interpretaciones que están detrás. Finalmente, estos investigadores hacen una recomendación adicional, y es colocarnos en la «posición y».
La «posición y» se trata de incluir todas las versiones y posibilidades para interpretar un hecho o tomar una decisión. Es una posición que incluye y no subestima la postura de los demás. De modo que podamos decir: «es cierto que necesitamos ser transparentes en la presentación de la información de este proyecto, y debemos también ser cuidadosos verificando lo que el cliente realmente requiere de nosotros y cuáles son los recursos disponibles». La «posición y» va sumando datos relevantes, ampliando las posibilidades de acción.
Entendemos que esto puede ser desafiante, sobre todo por las emociones que se movilizan en una discusión y el apego que puede existir a mis puntos de vista y opiniones; pero aceptemos por ahora que poner en práctica esta forma de abordar nuestras Conversaciones Difíciles puede ser liberador y útil. El aspecto específicamente emocional de estas situaciones lo abordaremos en nuestra próxima entrega sobre este tema.
Recuerden que esta serie «Conversaciones Difíciles» está centrada en la revisión del libro: NEGOCIACIÓN: Una orientación para enfrentar Conversaciones Difíciles. De Douglas Stone, Bruce Patton y Sheila Heen (Proyecto de Negociación de la Universidad de Harvard). Grupo Editorial Norma. Colombia, 2008.