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Coaching, Psicodrama

Expresar


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Volvemos al recorrido por las 9 Maestrías de la International Association of Coaching, esta vez para compartir ideas y reflexiones relacionadas con expresar.

Ya antes he hablado de procesar en el presente; escuchar con compromiso; percibir, afirmar y expandir el potencial del cliente; y establecer y mantener una relación de confianza. En la medida en que nos vamos adentrando en el entramado que constituyen las Maestrías de la IAC, podemos percibir la fuerte conexión que existe entre cada una de ellas y cómo en su conjunto dibujan la constelación de la práctica del coaching.

Sobre expresar, lo primero que quiero decir es que el compartir de la visión del coach dentro de una sesión, siempre ocurre para el cliente, en función de sus ritmos y propuestas, preocupaciones y búsquedas. Esto puede constituir un gran desafío, dado que no se trata de un acto de demostración de conocimiento o sabiduría, sino de una interacción que expande o profundiza el asunto que está presente y la comprensión que se puede lograr sobre el mismo.

Además, la maestría de expresar es posible únicamente en el momento del proceso en el cual el cliente posee la suficiente confianza y fuerza para responder a lo que el coach le propone, incluso contradecir sus ideas y percepciones, en una dinámica donde es siempre este cliente quien tiene el rol de protagonista.

Por otra parte, veo esta práctica como una forma de elaborar comprensión y conocimiento, de transitar por los espacios internos y reflejar en el mundo concreto aquello que se está produciendo en el territorio íntimo. No hay expresión sin conexión emocional e imaginativa, sin contacto vital entre los seres humanos que están imbricados en la dinámica del diálogo movilizador. De alguna forma, esta línea de acción que es el expresar configura la idea del coaching como escuela de pensamiento, como generadora de filosofía.

Es posible reconocer el movimiento en distintos niveles: uno práctico, de abordaje de una situación, conflicto, tensión, que se trae a la sesión; otro simbólico que permite acceder a experiencias del pasado, proyecciones hacia el futuro (incierto y movible), o reconocer los aprendizajes del presente. En este último ámbito, se incluye el reconocimiento de aspectos personales que necesitan ser vistos y, de cierto modo, sostenidos o integrados.

Pienso como paralelismo, por ejemplo, en el compartir que se produce como etapa final de una sesión de psicodrama. En ella, la clave es la expresión de las resonancias que han tenido las escenas desplegadas por el o la protagonista durante la escenificación, evitando el análisis de la situación o el brindar consejos o recomendaciones, para poner todo el foco en lo que se ha sentido o experimentado, ya sea en la ejecución de un rol o como audiencia.

Una primera fase de esta maestría de expresión puede ser vista, entonces, como un compartir, por parte del coach, de las resonancias y percepciones que se generan en él o ella a partir de lo que expone su cliente. No para tomar el protagonismo o demostrar sus capacidades, sino para acompañar en el proceso de mirar y reconocer; así ocurre una expansión de la conciencia en ambas partes.

Quizás en un proceso más largo y en la dinámica de interacción sostenida entre coach y cliente, se pueda producir más tarde una experiencia similar a la que se produce en el rol del doble en psicodrama. El doblaje, como técnica psicodramática, requiere de esa doble conexión: lo que pasa con la persona que dobla y lo que está moviéndose dentro del protagonista, siendo esto último lo que marca la pauta a seguir.

Así podemos ver las múltiples posibilidades de la maestría expresar, que emerge en la relación de las dos personas vinculadas durante las sesiones de apoyo. Concretamente hemos visto:

  • La expresión siempre está en función y se produce para el cliente.
  • Es un proceso de elaboración y comprensión de múltiples elementos, desde lo práctico y hasta lo simbólico.
  • Incluye lo que el coach puede percibir y sentir (lo que le toca internamente), y a veces incluso aquello que el cliente no dice.

Cuando llevamos esta maestría a la vida cotidiana, para retomar la dinámica en la cual las experimento una a una en mis interacciones y experiencias, es inevitable que venga acompañada del silencio. La expresión sólo puede surgir del silencio, de la escucha, de la espera; es un estado de receptividad donde la palabra aparece cuando es necesaria.

Expresión y silencio son inseparables. La primera produce realidades, la segunda abre pasadizos hacia ámbitos profundos y desconocidos; juntas facilitan transformaciones.

En mi experiencia, encontrar mi propia expresión es el desafío mayor y también la tarea ineludible que me corresponde en vida. Tal vez de eso se tratan los procesos de apoyo y acompañamiento a otros, de que cada una y cada uno encontremos nuestro propio camino y empecemos a expresarnos de forma genuina, creativa y espontánea.

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Liberar la expresión: cuatro claves


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Es cierto, queridos amigos, he pasado por un tiempo de silencio. Reza un dicho popular “en casa de herrero, cuchillo de palo”, palabras que expresan de una manera sencilla lo que he experimentado durante la segunda mitad del 2017: tanto trabajar en comunicación ha hecho que deje de lado una parte de mi expresión personal, que la producción de textos en torno a las ideas y el desarrollo de reflexiones sobre los procesos de interacción humana cesara momentáneamente.

Ha sido un silencio interesante y necesario, impuesto en parte por las circunstancias. No crean que es algo que ha pasado solamente en los 6 meses recientes, en realidad es algo que viene moviéndose desde hace más de 3 años, cuando me convertí en un migrante e inicié una nueva etapa profesional. La vida ha dado para mi un vuelco inmenso desde ese instante que ahora se ha convertido para mi en un hito, un punto de quiebre con todo lo anterior y en muchos niveles, aunque por supuesto no en lo esencial.

Las vivencias van sumándose en mi interior, ofreciéndome una perspectiva más amplia de la vida y de lo que implica la comunicación humana, con el aspecto cultural en el centro. La diversidad que me ha sido dada en conocer, así como las múltiples oportunidades para desarrollar talleres y charlas a favor de la armonía y la paz, del entendimiento y la integración, han cobrado para mi un valor cada vez mayor.

Por esto hoy, en mi última publicación del año 2017, quiero compartir con ustedes algunas ideas que considero clave para el mejoramiento de nuestra capacidad de comunicación y entendimiento con otros, como un obsequio y una muestra de agradecimiento por lo aprendido en los meses recientes. Para mi esta es una base útil para la liberación de nuestra expresión:

  1. No todo depende de nuestra voluntad. Es evidente pero muchas veces pretendemos que estamos en total control de lo que hacemos y lo que nos sucede. La mayor parte del tiempo, esta ilusión de control, la idea de que como individuos decidimos nuestro destino y determinamos nuestra suerte, produce fuertes tensiones y malos entendidos con los otros, pues esperamos que ellos actúen de acuerdo a nuestro criterio, respondan de una manera determinada y sigan por el camino que en nuestra mente hemos creado para ellos; esta tensión nos limita y coarta nuestra libertad expresiva. En cierto sentido, negamos la realidad de que hay fuerzas en pugna en el marco de nuestra realidad, voluntades que se contraponen a la nuestra y que juntas producen un movimiento que no está completamente bajo nuestro dominio. En la medida en que aceptemos esto, nos haremos más tolerantes y comprensivos, primero con nosotros mismos y luego con los demás, lo que aumentará la eficacia de nuestras interacciones y, paradójicamente, hará que aumente nuestra influencia, pues sabremos reconocer con más sabiduría la tendencia que llevan los acontecimientos, así como las posibilidades de adaptarnos o responder a ello.
  2. Escuchar, escuchar, escuchar. Esta clave es constante en mi trabajo y en mis textos, en los procesos de comunicación humana el aspecto central no es el habla o la producción de contenido, sino la percepción o escucha. Saber recibir, esperar, procesar la información que percibo y luego producir algo nuevo con ello, es el ejercicio donde la comunicación cobra su ideal nivel de creatividad, de generación de algo de valor para mi y para otros. Porque todo acto de comunicación, que es cooperación, es en realidad una acción creativa que transforma las percepciones y por lo tanto la realidad.
  3. Somos responsables de lo que comunicamos y generamos. Que no todo dependa de nuestra voluntad, como expresé anteriormente, no significa que no tengamos nada que hacer y que debamos entregarnos de manera pasiva a los acontecimientos. En realidad, hay mucho que está en nuestras manos, porque somos seres creativos y creadores. Nuestra fluidez emocional, el respeto que mostramos por nosotros y los demás, el balance en nuestra expresión, la comprensión que podemos alcanzar, todos son elementos fundamentales y están en el campo de nuestras decisiones voluntarias.
  4. El desbalance es una constante. Porque buscamos equilibrio y armonía, el desbalance es inherente a la existencia humana. Cualquier expresión, movimiento de nuestro cuerpo o gestos para acompañar una idea, el sonido de nuestra voz o la articulación de las palabras, constituye un juego de pérdida de equilibrio para generar el movimiento que produce la expresión. Por ello es esencial la noción del desbalance, en la medida que buscamos volver a un punto en el cual todo vuelve a su centro para retornar al movimiento al segundo siguiente y así sucesivamente, en el marco de nuevos encuentros. Esto constituye la dinámica de la comunicación, que puede entenderse como un ciclo que evoluciona.

Todo lo que comparto hoy con ustedes ha surgido además de mis propias inquietudes por el tiempo de silencio en este espacio, por la confrontación que se produce en mi interior por el deseo de decir más, de compartir y aprender en este ejercicio, de seguir apostando por una comunicación para la paz y el encuentro humano, para la generación de armonía y entendimiento en el mundo.

Este año muchos me han inspirado, me han acompañado sin saberlo porque he sido espectador de sus logros, de sus aciertos, de su apertura, del surgimiento de su ser verdadero para compartir aquello que les apasiona y en lo que florecen con toda su luminosidad. Es a todos ellos, a todos ustedes, a quienes dedico este deseo de un feliz año lleno de afecto y esperanza y un 2018 de potencialidades y descubrimientos.

Gracias por estar, por comunicar, por compartir.

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Una invitación a escuchar


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No es cuestión sólo de efectividad, sino de humanidad, de lo que nos es esencial para sostener el mundo en que vivimos, que sea posible comprendernos y convivir, que progresivamente vayamos ganando más espacios para el respeto y la paz.

Se trata de ESCUCHAR, esa práctica que a veces parece tan perdida, aunque pasemos tanto tiempo en nuestros dispositivos “inteligentes” consumiendo información. Porque escuchar no es una operación exclusiva del pensamiento, sino que es un acto que nos implica por entero.

Escuchar genera conexión, se trata de ser capaces de recibir al otro y también de ir hacia ese con quien nos comunicamos. Abrirse a escuchar, percibir por entero, es un riesgo real que nos va a transformar en cada interacción, ampliando nuestras posibilidades de ser y hacer.

Nuestra supervivencia depende de la capacidad para escuchar, de modo que podamos responder adecuadamente a lo que sucede en el entorno, e incluso seamos capaces de armonizar en el contexto aquello que viene de nuestro interior: nuestras necesidades, emociones, ideas, propuestas, visiones, proyectos.

Nos hemos acostumbrados a creer que las metas se alcanzan a fuerza de voluntad y, si bien es cierto que se requiere disciplina y dedicación para convertirnos en maestros de cualquier arte u oficio, es importante reconocer la necesidad de sincronizar un conjunto de elementos que no dependen únicamente de nuestro libre albedrío y decisión, sino de múltiples factores que escapan a nuestro control consciente, y que se movilizan de formas sumamente sutiles.

Escuchar es entonces respetar los ritmos que oscilan entre lo particular y lo universal,  que se vinculan de forma tal que todo lo que requerimos para fluir entre los sucesos y las intenciones, es lograr conectarnos con nosotros mismos y eso que somos, también en constante evolución.

Reconocer además que la escucha es relativa y dinámica, siempre dependiente del lugar desde el cual recibimos la información o percibimos los elementos de una situación en la que interactuamos con otras personas. Eso nos alejará de “verdades absolutas” que no son otra cosa que rigidez.

Mantenernos abiertos, flexibles; ceder posición y experimentar la oportunidad de aprendizaje que eso representa; cooperar, mantener el foco en el resultado sin apegarnos; no defendernos ni forzar a otros a pensar como nosotros; permitirnos el error, reconocerlo y avanzar; cuidarnos y cuidar a los demás; todas son formas prácticas de escuchar, y en la medida en que más las integremos a nuestra cotidianidad, mayores niveles de percepción y conexión alcanzaremos.

Esta es mi invitación. Vamos a escuchar.

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