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4 errores del aprender a expresarnos


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La conciencia sobre nuestras tensiones, movimientos emocionales, bloqueos, prejuicios, sigue siendo la mejor forma de avanzar en los procesos de comunicación en los que participamos. No hay forma de aprender a expresarnos mejor, de alcanzar los más altos niveles de conexión y de persuasión, que el conocimiento de nosotros mismos.

Este es un hecho muchas veces minimizado o menospreciado, porque la frase que reza “conócete a ti mismo” se toma a la ligera, cuando lo cierto es que esconde una gran sabiduría. Por eso quisiera hoy compartir con ustedes algunos errores típicos del aprendizaje en comunicación humana (oratoria, expresión, trabajo de la voz y afines) que son difíciles pero no imposibles de superar:

1. Separar lo técnico de lo ético.

Muchos talleres de oratoria, cursos para mejorar la capacidad de comunicación con otros, se enfocan exclusivamente en lo técnico, prometiendo aquello que no pueden garantizar. Basan todo su trabajo en “tips”, lo que se presenta como una forma rápida de mejorar las habilidades expresivas e impactar a otros en muy corto tiempo.

En general, no puedo afirmar que sea siempre, estos “atajos” son un engaño, y tienen un efecto de muy corto plazo. Además cuando un instructor o facilitador se enfoca sólo en la forma, haciendo indicaciones externas sobre cómo pararse, cómo mirar, qué tipo de palabras usar, sin ningún proceso que le sustente, lo que produce en el participante o cliente es tensión, que puede ir en aumento en la medida en que se intenta controlar el conjunto de elementos que intervienen en el acto de comunicación cara a cara.

No existe técnica sin ética, esto es: sin la reflexión sobre nuestro lugar en el mundo, la relación con otros y qué esperamos aportar o alcanzar al desarrollar nuestras habilidades de comunicación.

2. Creer que conocer es lo mismo que saber hacer.

Mejorar nuestra expresión es un proceso de entrenamiento, similar al que se requiere cuando queremos desarrollar una nueva competencia. Es imprescindible invertir tiempo de entrenamiento consciente, como si se tratara de un músculo. De modo que conocer una técnica, leer sobre ella en un libro, es el primer paso necesario, pero el proceso no debe terminar allí.

El desafío siempre será encontrar los espacios para, por cuenta propia, entrenar la expresión.

3. Fantasear con la idea de controlar a otros.

Me ha tocado numerosas veces acompañar a clientes que inicialmente desean controlar a otros, o se plantean objetivos muy externos que no en general no conducen a un buen proceso ni adecuada resolución.

Si el propósito está colocado en un efecto en extremo externo, como desear que los otros (compañeros de trabajo, miembros del equipo, supervisores o supervisados, amigos, pareja) hagan exactamente lo que yo deseo, se está partiendo de un imposible y seguramente de no corregir se generará frustración al no alcanzar los resultados esperados.

4. Sobrestimarse o subestimarse.

Creo finalmente que es muy importante trabajar con el propio ego. En general concibo que fenómenos como el miedo escénico o el exceso de confianza son distracciones, juegos internos que nos sacan del verdadero objetivo de un acto de comunicación.

El interactuar con otros lleva implícito la intención de cooperar, coordinar, comprender, colaborar; todos desafíos que requieren de mucha energía para ser alcanzados, aunque muchas veces los damos como alcanzados antes de tiempo. En este sentido, es crucial no permitir que el ego interfiera con un juego de comparación con otros.

Atajos como “piensa que nadie más sabe de esto como tú” o “imagina que la audiencia está desnuda”, son juegos que no recomiendo, o en todo caso sólo podrían ser utilizados en un caso concreto en donde sean realmente un recurso para un obstáculo particular, nunca son vías universales.

El ego tiene su lugar por supuesto, es el elemento que nos permite de forma consciente presentar y defender nuestra perspectiva en el proceso de comunicación, pero sugiero que siempre estemos muy conscientes si estamos comparándonos ya sea que nos creamos mejores o peores que otros (es el mismo juego), para colocar esa tendencia de lado y poner nuestra energía en el acto de comunicación.

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3 creencias limitantes al comunicarnos


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Comparto con ustedes algunas claves sobre el acto de comunicarnos, especialmente para aquellos que están buscando hacerlo con mayor impacto, o quienes sienten que necesitan más fluidez y seguridad por el desarrollo de sus carreras o porque su profesión les lleva a ello.

Hay mucho que se piensa y dice sobre el acto de comunicación que siento no ayuda a facilitar el camino hacia una expresión más fluida, de mayor conexión, y que lleva a muchas personas por un camino que les aleja de si mismos y por lo tanto del otro. En mis años como profesor y facilitador en estos campos, especialmente en Artes Escénicas, Oratoria y Comunicación Persuasiva, me he encontrado muchas veces con creencias instaladas que limitan el encuentro, bloquean la espontaneidad y por lo tanto disminuyen la efectividad del comunicador u orador.

Veamos algunas de las que identifico como más importantes:

– Hay una forma correcta de hacerlo. Es de las ideas que más bloquea no solamente la libre expresión personal, sino la creatividad y las posibilidades de aprendizaje. Realmente no hay una sola forma correcta de hablar en público, o de comunicarse cara a cara con otras personas, o de expresarse frente a una cámara de televisión. Esta idea de “lo correcto” genera mucha tensión, porque produce que una persona que quiere plantear una idea o proponer algo a otros (sus servicios, sus ideas, sus proyectos, sus creaciones) coloque una tensión artificial sobre sí mismo y sobre los otros, colocando en su interior una imagen de “cómo debería ser”, alejándose de “lo que es o de lo que está siendo”. Es sumamente difícil comunicarse realmente por esta vía.

Recomendación: olvidemos lo que “debería ser” y  pongamos el foco en “lo que es”. 

– Debemos controlar nuestros impulsos y emociones. Muchas veces toda la energía se coloca en lo racional, por lo tanto en elementos como estructuración del discurso (que por supuesto es muy importante, pero no necesariamente lo más relevante), y en el control sobre impulsos y emociones. Sobre todo me preocupa aproximarnos al acto de la comunicación humana desde una perspectiva de “control”, con afirmaciones como “no quiero que se note que estoy nervioso o nerviosa”, “no quiero que se den cuenta si no se algo”; todo el énfasis está colocado sobre el control. Esto también tiene que ver con la forma en que se comprende en nuestros tiempos el acto de comunicación: centrado en sus efectos; hoy en día no se concibe que la interacción con otras personas no se realice para obtener algún resultado. Pero yo propongo que cambiemos de enfoque por el de contacto: comunicarnos con otras personas, incluso si estamos vendiendo un servicio o proponiendo el desarrollo de un proyecto, se trata de hacer una conexión real y transmitir (casi podríamos decir contagiar) nuestra perspectiva o entusiasmo acerca de algo. Para lograr eso debemos estar conscientes de nuestros impulsos y emociones, y canalizar toda esa energía en el acto de comunicación.

Recordar: los seres humanos nos conectamos (nos comunicamos) realmente a través de las emociones.

Yo comunico, entonces dirijo mi energía hacia los otros. Este es un elemento sutil en la práctica pero muy importante, y en mi experiencia de profundo significado. Cuando una persona se propone hablar en público, dialogar con un potencial cliente en una reunión, o manifestar sus ideas por los medios de comunicación, generalmente concibe este acto como un proceso de emisión activa hacia perceptores pasivos; vale decir que imagina que su mensaje (verbal y no verbal) sale como una flecha hacia el otro: las palabras viajan de su boca a los oídos de los demás, los gestos son percibidos por quienes le escuchan. Esto por supuesto es correcto, pero genera tensión adicional, pues nos impone la exigencia de conducir intencionalmente todo el acto de comunicación. Por el contrario, el acto de comunicar, desde mi perspectiva, es primero una acción de escucha activa. En mi experiencia es el otro, o los otros, realmente quien conduce el proceso, quien decide el ritmo e incluso la forma en que quiere recibir la información que estoy ofreciendo. Así que siempre el elemento más importante a trabajar si quiero ser un orador o comunicador excepcional, es la escucha, la capacidad de percepción. Esto es el centro de mi trabajo.

Recomendación: empieza escuchándote, abriéndote a percibir la relación que tienes contigo y a partir de allí percibe a los demás.

Todos estos aspectos son importantes al momento de comunicarnos, y abren una perspectiva totalmente diferente del entrenamiento de oradores y voceros, así como del desarrollo de nuestras habilidades expresivas. Todo está enfocado en el contacto humano, en la relación que se establece entre nosotros y los otros.

Las implicaciones prácticas son innumerables, y es eso lo que cada día espero difundir y dar a conocer a amigos, colegas e interesados.