Imaginación

Sueños

Dialogar con los sueños


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Soñar y corporizar: el proceso imaginativo

Los sueños están vivos, son un material dinámico, en constante movimiento. Me acompañan en todo momento, dialogando con mis sensaciones, emociones, pensamientos y acciones. Se transforman en un instante cuando intento recordarlos, o incluso en el momento de experimentarlos.

Las imágenes que aparecen durante la noche, cuando estoy dormido, y las que emergen en vigilia cuando estoy atento, se conectan para traerme preguntas e infinitas posibilidades. El trabajo diario de encontrar allí una narrativa propia se hace tanto exigente como parte de mi naturaleza.

He estado aprendiendo, al pasar de los años, a reconocer el imaginar y el soñar como uno de los elementos más relevantes de mi propia existencia, algo que es inherente a toda la humanidad.

… El hombre produce símbolos inconsciente y espontáneamente en forma de sueños (…) Por regla general, el aspecto inconsciente de cualquier suceso se nos revela en sueños, donde aparece no como pensamiento racional sino como imagen simbólica.

JUNG, Carl G. El Hombre y sus Símbolos. Ediciones Paidós Ibérica S.A. España, 1995.

Todos imaginamos, simbolizamos, creamos. Seres imaginativos y creativos por naturaleza, otorgamos sentido a nuestras vivencias y a todo lo que está en el mundo a través del diálogo subjetivo que nos vincula. Al respirar, estoy recibiendo y entregando aquello que me compone y, en conjunción con otros, creo y soy creado por el universo simbólico que nos contiene, que se expande y cambia continuamente.

Cambia así el modo de percibir, en una multiplicación de significados que nos implica por entero. La imagen es entonces movimiento y emoción, sensación y diálogo, melodía y danza. Así tal vez se va recuperando la vitalidad, el sentido de un camino particular que nos es propuesto transitar, para retornar a una nueva posibilidad del ser esencial.

Así como en la escena (teatral o psicodramática), la exploración de las narrativas, de las personas y los objetos, el abordaje de los sueños también se realiza en relación con las sensaciones que producen, el movimiento que se percibe dentro. Cuando se sigue la pista de alguna vibración, se empieza a crear un espacio para la interacción creativa con el contenido que ha surgido de la imaginación.

La Dra. Leslie Ellis, al referirse a planteamientos de Gendlin, afirma:

Nuestros sueños representan un proceso potencial que está todavía desplegándose y por lo tanto está disponible para la interacción. Los sueños pueden revelar nuestros procesos internos en la medida en que se desenvuelven, lo cual permite que nuestra consciencia participe de ello. Por esto, los sueños representan grandes oportunidades. Gendlin escribió que incluso pequeñas adiciones a eventos inconclusos pueden producir grandes y extensas diferencias… Es por eso por lo que eventos inconclusos son, a su propia manera, más memorables y abiertos a la interacción que las experiencias ordinarias.

ELLIS, Leslie. Gendlin’s Unique Contribution to Dreamwork: Embodying Helpful and Contrary Elements to Bring in the New. 2021.

Me conecta y moviliza el hecho de concebir el sueño como algo vivo que está en proceso de elaboración o desenvolvimiento, en lo cual somos convocados a participar. Esto desplaza el proceso de abordaje del sueño hacia lo experiencial y dinámico, asumiendo la indispensable otredad. El material simbólico de los sueños no me pertenece, sino que es parte de “otro” (ámbito, ser, presencia) que me invita a la interacción creativa.

En este proceso de diálogo y relación con el sueño, el otro terapeuta, el otro del inconsciente, es quien posibilita la difícil consideración de lo nuevo, de aquello que nos es desconocido. Esto puede asemejarse al proceso actoral de explorar un contenido (un personaje, un texto, un algo constituido en imagen) que no me es natural o habitual, en el cual requiero ingresar desde el cuerpo psíquico: la experiencia vital integradora.

Por ello quizás no es útil dar a las imágenes una interpretación cerrada, como si se completara algo en el instante en que lo ubico claramente en determinada dimensión y significado, cuando en realidad estos símbolos producen múltiples posibilidades que rodean una narrativa, un conjunto de emociones, experiencias que apuntan a contenidos inconscientes, complejos personales o aspecto de ese otro universal.

Un símbolo representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros. (…) Así es que una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que un significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto inconsciente más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado.

JUNG, Carl G. (1995). El Hombre y sus Símbolos. Educiones Paidós Ibérica S.A. España, 1995.

El sueño se aborda a través de lo inconcluso o lo que está incompleto: el juego imaginativo y creativo que se ancla en el cuerpo, donde anidan sensaciones y emociones. Así, no se interpreta sino que primero se experimenta.

Soñar es parte natural de nuestra corporalidad, un proceso dinámico. Todo lo que hagamos para alinearnos con esta manifestación vital la va a fortalecer. (…) Únicamente encarnando y sintiendo los espacios plenos de recursos nuevos, o corporizando de forma auténtica la experiencia subjetiva de los más extraños elementos, podremos tener acceso a la sensación sentida de aquello que el sueño está trayendo y que nos llevará hacia adelante.

LESLIE, Ellis (2021). Gendlin’s Unique Contribution to Dreamwork: Embodying Helpful and Contrary Elements to Bring in the New. 2021.

Se trata de un proceso imaginativo que nos implica por completo, en una interacción dentro de la cual es imposible no transformarnos. Somos absorbidos y a la vez contenemos esas imágenes, ellas constituyen la otredad inaccesible que sin embargo nos es revelada constantemente.

Habiendo tanto que desconocemos de nosotros mismos, nuestra naturaleza esencial y todo aquello que nos rodea (desde adentro y desde fuera), la imaginación y aquello que emerge a través de los sueños constituyen elementos orgánicos y autónomos que nos ofrecen un saber auténtico y original. Son aspectos fundamentales para nuestra sobrevivencia y desarrollo.

Para abordarlos, trabajar con ellos, fortalecer nuestro vínculo con su dimensión misteriosa, es indispensable la experiencia vital (corporal, física concreta), que incorpora la reflexión, la sensación y la emoción: todo aquello que integra también un artista en su proceso creativo. Todos somos, por supuesto, seres creativos y creadores.

Es el cuerpo el contenedor de todo esto, es allí donde reside la posibilidad orgánica de los sueños y sus imágenes. En la dinámica de exploración, se abren las posibilidades creativas de corporizar el contexto, las presencias, los personajes, los sucesos e incluso de ir más allá en el desarrollo de las escenas presentes, las implícitas y las emergentes. No hay imagen sin cuerpo que la experimente.

Así se manifiesta una aproximación por fases, donde volvemos a entrar en el sueño para experimentarlo en detalle o enfocarnos en un determinado elemento. Así percibimos el movimiento que produce dentro de nosotros, las reacciones físicas y emocionales que evoca. Esto ofrece un territorio tan amplio como preciso para integrar la vivencia y percibir el diálogo que abren sus contenidos.

La exploración no se detiene, porque es un devenir, la forma en que nos desenvolvemos y revelamos progresivamente en la existencia. La facultad (o la experiencia) de soñar e imaginar, es inherente a la existencia humana y tal vez la más importante característica de nuestra especie.

Arteterapia, Sueños

Imaginación: de lo interior y lo exterior


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Recientemente, revisando notas, me encontré con notas y libros que han sido muy significativos para mí y que he ido integrando a mi cosmovisión de tal modo, que por momento olvido que constituyeron cambios de perspectiva.

Lo primero fueron unos poemas que había perdido, escritos en tiempos de mi adolescencia y que fueron productos del dolor causado por un amor no correspondido. Recordé que su rechazo, su indiferencia, me hirió en el justo lugar para empezar a tocar las cosas con otros nombres.

Ese sufrimiento adolescente me cambio la forma de ver y sentir, al generar ecos infinitos que me permitieron comenzar a escribir, componer versos y registrar historias que más tarde podría compartir. En otras palabras, aquella vivencia me llevó a ser consciente de mi capacidad de imaginar y crear.

El otro material que apareció ante mis ojos, de consulta más reciente, es el libro de Susan Cain titulado QUIET. Allí también encontré ideas muy interesantes relacionadas con los talentos, la sensibilidad, la imaginación y la creatividad, generada desde la riqueza del mundo interior.

“De acuerdo al psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, quien entre 1990 y 1995 estudió las vidas de noventa y un personas extraordinariamente creativas en arte, ciencias, negocios y gobierno, muchos de ellos fueron marginados durante la adolescencia, en parte porque una intensa curiosidad y un interés enfocado parecían raros para sus pares.”

De este modo, he podido conectar dos ideas que me parecen relevantes:

  1. La conexión emocional es esencial para el trabajo con la imaginación. Esta nos implica por entero, nos produce sensaciones y despierta nuestra comprensión.
  2. El proceso de abordar nuestras imágenes y nuestra facultad creativa requiere de tiempo a solas, de mirar hacia dentro.

Creo que solamente en una fase posterior se puede compartir con otros lo que se genera en ese proceso, para percibir las resonancias que va generando la propia búsqueda y sus hallazgos.

El reconocimiento del mundo interior y la relación con otros en el afuera, facilitará la elaboración de las propias experiencias y la generación de imágenes transformadoras y significativas.

Es por ello que considero tan esencial el abordaje de la imaginación y la creatividad en nuestras vidas.

Arteterapia, Psicodrama

La importancia de imaginar


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No escribo desde la certeza, sino alrededor de la duda. Titubeante, comparto lo que a ratos de lucidez puedo reconocer en mí y en otros, en una senda de descubrimiento y reconocimiento personal.

Esta pandemia también ha tenido un impacto significativo en mi rutina, apenas sospecho lo que este período representará como transformación personal y de vida.

Buscando miradas distintas, pues siempre he sido muy curioso y me conecta lo diverso, me encontré con los planteamientos del analista Jungiano Robert Bosnak, quien ha estudiado por muchos años el mundo imaginal, a través de su método de “imaginación encarnada” (embodied imagination). En un curso relacionado a formas de enfrentar los tiempos críticos actuales, Bosnak se refirió a la imperiosa necesidad de imaginar, como una vía para integrar lo que es distinto, nuevo, raro.

Esta idea me impactó por mostrarme una posibilidad que yo intuía pero no había logrado articular aún: la imaginación como vía para conectar, comprender o abordar eso que identificamos como lo real. Ahora se trata además de establecer una relación con lo extraño, lo nuevo que es el virus y todo el impacto que ha tenido en la vida humana alrededor del mundo.

En los años recientes he estado experimentando un retorno interior al teatro y el psicodrama, un recorrido personal en el cual he explorado en diversos talleres las posibilidades que ofrece compartir historias, abordar un mito a través de nuestros cuerpos. En un ritual grupal, es posible desarrollar un recorrido significativo por las historias universales que se conectan con nuestras vivencias personales y nos enriquecen (nos expanden).

Yo me había mantenido enfocado en la creatividad, en esa búsqueda metódica que facilita la emoción, es ese proceso estructurado que ofrece el marco perfecto para la expresión libre, al permitir la espontaneidad y el desarrollo de la creatividad, para reinterpretar y recrear los hechos en un movimiento que integra a la memoria en la acción del ahora.

Allí estaba, ante mis ojos, la imaginación (las imágenes, los signos, las experiencias, las emociones) presente, de forma tan evidente que yo no lograba captarla. Ahora entiendo que es una facultad humana absolutamente indispensable para el vivir, el adaptarnos a las circunstancias cambiantes, el reconocernos y encontrarnos; porque sin imaginación, no es posible el encuentro.

Imaginar es el acto que crea el lazo con todos los fenómenos, seres y cosas. Se amplían nuestras percepciones y caen dogmatismos, por lo que intuyo que es también parte central de la vivencia del amor. Cuando imaginamos conectados por entero a esa experiencia, como en los sueños o en los juegos de la infancia, estamos implicados por entero.

Así comprendo hoy lo que Francisco Pancho Salazar nos transmitió durante seis años de entrenamiento actoral en Pantheo: la imagen escénica sólo se produce cuando estamos allí conectando cuerpo, emoción, mente y espíritu.

Creo entonces, tal vez hoy esto sea más pertinente todavía, que todos los seres humanos necesitamos entrenar y experimentar (con un marco concreto) nuestra capacidad imaginativa. Mi hipótesis es que si lo hacemos conscientemente y con las herramientas adecuadas, eso nos conducirá a una vida más plena, con sentido, con conexiones más significativas.